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Artículos Generales
El efecto quimioprotector del té y sus compuestos
Elvira González de Mejía Department of Food Science and Human Nutrition, University of Illinois, Urbana-Champaign.
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RESUMEN El efecto quimioprotector del té y sus compuestos El té es una bebida consumida mundialmente desde tiempos ancestrales con el propósito de mejorar la salud. Entre sus componentes principales estan los polifenoles conocidos como flavonoides, cuyos principales representates son las catequinas y las teaflavinas. Varios estudios epidemiológicos sugieren que el consumo de té verde podría prevenir el cáncer en humanos. De manera similar, estudios con animales demuestran que el cáncer de próstata y de mama pueden reducirse por la ingesta de té verde. Se ha demostrado que, a través de diversos mecanismos de acción, los polifenoles constituyentes del té presentan actividad antioxidante y anticarcinogénica, proporcionando así múltiples beneficios a la salud. Es importante caracterizar mejor los componentes del té, estudiar su biodisponibilidad y su biotransformación in vivo, y efectuar estudios clínicos de sus principales compuestos activos.
Palabras clave: Té, polifenoles, antioxidantes, epigalocatequina galato, efecto quimioprotector.
SUMMARY The chemo-preventive effect of tea and its components Tea has been consumed worldwide since ancient times to maintain and improve health. Its main active components are a type of polyphenols known as flavonoids, which include catechins and theaflavins. Several epidemiological studies suggest that the consumption of green tea could prevent cancer development in humans. Likewise, animal studies have shown that green tea consumption may inhibit the development of prostate and breast cancer. It has been shown that, through several mechanisms, tea polyphenols present antioxidant and anticarcinogenic activities, thus affording several health benefits. It is important to better characterize tea components, to study their bio-availability and bio-transformation in vivo and to conduct clinical studies of its main active compounds.
Key words: Tea, polyphenols, antioxidants, epigallocatechin gallate, chemopreventive effect.
INTRODUCCION
El té es una de las bebidas de mayor consumo en el mundo (1). Varios
estudios científicos le han atribuído a esta bebida diversas propiedades
preventivas y terapéuticas (2,3). Por ejemplo, el té presenta varios efectos
protectores para combatir enfermedades cardiovasculares, la hipertensión renal
y la diabetes. Asimismo, presenta un efecto protector hacia la piel y los ojos,
un efecto antiartrítico, antiviral, anti-bacteriano, y anticarcinogénico (4).
Los polifenoles del té pueden además inhibir la activación de carcinógenos y
aumentar su eliminación.
Generalidades del té: composición y biodisponibilidad
El té se obtiene a partir de la infusión de las hojas secas de Camellia
sinensis, un miembro de la familia de las Tesaceas. Generalmente, se
encuentra en forma de un árbol o un arbusto, el cual puede llegar a alcanzar
una altura de 9 metros, pero se poda para mantener una altura de 0.6 a 1.5
metros cuando se utiliza como cultivo. El follaje es usualmente muy denso, ya
que cuenta con miles de hojas ovaladas de color verde obscuro, las cuales se
cosechan antes de madurar. Aquellas hojas que son cosechadas después de un período
más largo se consideran de menor calidad. El té puede ser clasificado en tres
grupos principales, dependiendo de su proceso de manufactura: té verde, té
negro y té oolong. Las hojas del té verde se hornean al vapor para inactivar a
las enzimas que provocan la oxidación de los polifenoles. Las hojas del té
negro son trituradas y expuestas a una humedad muy alta para inducir la oxidación
aeróbica de los polifenoles, un proceso conocido también como fermentación.
El té oolong se obtiene después de un período corto de fermentación (1).
Los compuestos activos del té son los flavonoides, un tipo
de polifenoles que poseen propiedades anitoxidantes muy potentes (5), e incluyen
polifenoles de los grupos catequina (té verde) y teaflavina (té negro) (6).
Los flavonoides se encuentran de manera natural en las plantas. El contenido de
flavonoides del té depende directamente del tipo de té y de su método de
preparación. Generalmente, una taza de té negro, preparado con 2.5 g de hojas
de té, contiene alrededor de 200 mg de flavonoides (7,8). En estudios con
modelos animales, se ha demostrado que el extracto de té verde puede mejorar la
salud muscular al reducir o retardar la necrosis del músculo, por medio de un
mecanismo antioxidante (9). En ratas, el té negro ha demostrado varios efectos
protectores que actúan para inhibir la peroxidación lipídica, causada por
oxidantes como el tetracloruro de carbono (CCl4), en el hígado, los
riñones y los testículos (10). Estos mecanismos protectores se deben en parte
a las propiedades antioxidantes del té, ya que éste atrapa a los radicales
libres producidos por la presencia del CCl4 (10). Se ha concluido que
el té es una fuente significativa de flavonoides polifenólicos que presentan
actividad antioxidante muy potente in vitro e in vivo.
Por otro lado, se ha encontrado que los flavonoides del tipo
galato (como la epigalocatequina galato y las teaflavinas con galato) actúan
sobre moléculas claves en la regulación del crecimiento celular, y, más
especificamente, sobre las rutas metabólicas relacionadas a la angiogénesis
(11). Estos son otros mecanismos de acción de los componentes del té que van
mas allá de sus propiedades antioxidantes.
Warden et al. (12) comprobó la biodisponibilidad de las
principales catequinas del té negro en personas que lo consumieron a lo largo
del día. Después de consumir una dieta baja en flavonoides durante cinco días,
los sujetos del estudio ingirieron una preparación de té negro que contenía
15.48, 36.54, 16.74 y 31.14 mg de epigalocatequina (EGC), epicatequina (EC),
epigalocatequina galato (EGCG) y epicatequina galato (ECG) respectivamente, cada
dos horas (0, 2, 4 y 6 horas). Se observó que las concentraciones de las
catequinas en el plasma incrementaron significativamente con respecto al control
(P < 0.05). Las concentraciónes de EGC, EC, y EGCG presentaron sus valores más
altos en el plasma después de 5 h y la ECG depués de 24 h. La excreción
urinaria de EGC y EC, incrementó en relación al control (P < 0.05).
Aproximadamente 1.68% de las catequinas consumidas se encontraron en el plasma,
la orina o las heces, y la biodisponibilidad de las catequinas con galato fue
menor que aquella de las catequinas sin galato. Aunque las catequinas
demostraron ser biodisponibles, estas fueron absorbidas en cantidades
relativamente pequeñas en comparación a las cantidades ingeridas.
Por otro lado, también es importante reconocer que los
polifenoles interfieren con la absorción de ciertos compuestos en la dieta. Por
ejemplo, presentan una afinidad alta hacia proteínas ricas en prolina, como la
caseína, la leche, la gelatina, y las proteínas en la saliva (13), lo cual
puede reducir su digestibilidad y aumentar la excreción del nitrógeno en
humanos (13). La formación de complejos polifenol-proteína sucede solamente en
moléculas accesibles a proteínas solubles (14).
De igual manera, los polifenoles del té interactúan
facilmente con los iones metálicos de transición y forman complejos insolubles
como sucede con el hierro. El enlazamiento con el hierro en el tracto
gastrointestinal inhibe significativamente su absorción (14,15). El té negro
inhibe dicha absorción más que el té verde. Este proceso de enlace afecta
solamente al hierro no-hemínico, y el efecto de inhibición puede ser reducido
al consumirse ácido ascórbico (16). Cabe aclarar que no se ha observado un
efecto adverso en individuos con dietas balanceadas. Sin embargo, se ha notado
una prevalencia de anemia en poblaciones con una ingesta baja en hierro (16). El
proceso por medio del cual el té inhibe la absorción de hierro incluye la
formación de complejos entre el grupo galoilo, principalmente, y el hierro
(17). La relación molar entre los flavonoides y el hierro es directamente
dependiente del pH; la relación varía entre 1:1 con pH 2, 2:1 con pH 5.5, y
3:1 con pH 8.0 (7). En aquellas poblaciónes con dietas inadecuadas, o en
individuos con un requerimiento de hierro elevado (niños), el té puede reducir
significativamente la disponibilidad de hierro no-hemínico e inducir
deficiencia de hierro. Esto sucede especialmente cuando la dieta no contiene
cantidades adecuadas de ácido ascórbico (18). Por lo tanto, se recomienda a
los individuos vegetarianos consumir té solo entre comidas, ya que el hierro
obtenido de fuentes vegetales no es tan biodisponible como el de fuentes
animales, y el efecto de enlazamiento con los fenoles del té podría reducir aún
más las cantidades de hierro disponibles en su dieta. Al igual, se ha observado
una inhibición en la absorción de zinc en ratas; los resultados con cobre son
inconclusos. Los polifenoles también pueden interferir con la biodisponibilidad
de sodio y de aluminio, pero no con el manganeso, el calcio o el magnesio (14).
En general se sabe poco sobre la digestión, la absorción y
el metabolismo del té en humanos y estos aspectos podrían resultar temas
interesantes de estudio.
Los flavonoides del té
La estructura química de los flavonoides polifenólicos tiene un impacto
directo sobre sus propiedades biológicas, como su biodisponibilidad, su
actividad antioxidante, su interacción con enzimas y con receptores celulares,
y con la velocidad y el grado de su absorción intestinal. La Figura 1 muestra
las estructuras químicas de los flavonoides más comunes en extractos de té
(1) y la Tabla 1 ilustra los principales componentes del té verde y del té
negro (19). La distribución de flavonoides en el té verde es de 90% de
catequinas y 10% de flavonoles. En cambio, como resultado del proceso de
fermentación, las catequinas del té se polimerizan, lo cual provoca la formación
de teaflavinas y tearubiginas. Por lo tanto, la distribución de flavonoides en
el té negro es de 30% de catequinas, 47% de tearubiginas, 13% de teaflavinas, y
10% de flavonoles. De esta manera, una diferencia importante entre el té verde
y el té negro es que el primero no contiene teaflavinas. La Tabla 2 muestra
algunos de los componentes flavonoides de los tés verde y negro (4). Otros
compuestos, no mencionados en esta tabla, son las proantocianidinas y los
compuestos volátiles (linalool, delta-cardineno, geraniol, nerolidol,
alfa-terpineol, cis-jasmone, indol, beta-ionone, 1-octanal, indol-3-carbinol,
beta-cariofileno). El porcentaje de catequinas en el extracto de té verde es de
46.80% de EGCG, 13.54% de ECG, 7.24% de GCG, 8.07% de EC, 2.28% de EGC, 2.46% de
GC, 1.28% de CG, 2.22% de catequina, y < 0.3% de cafeína (20).
FIGURA 1
Estructura química de los principales flavonoides del té

*Adaptado de Yang et al. (1).
TABLA 1
Prinicipales componentes del té (% del peso de sólidos)
|
| |
Té verde
|
Té negro
|
|
|
Catequinas
|
30-42
|
3-10
|
|
Teaflavinas
|
-
|
2-6
|
|
Polifenoles sencillos
|
2
|
3
|
|
Flavonoles
|
2
|
1
|
|
Otros polifenoles
|
6
|
23
|
|
Teanina
|
3
|
3
|
|
Amino ácidos
|
3
|
3
|
|
Péptidos/proteínas
|
6
|
6
|
|
Acidos orgánicos
|
2
|
2
|
|
Azúcares
|
7
|
7
|
|
Otros carbohidratos
|
4
|
4
|
|
Cafeína
|
3-6
|
3-6
|
|
Potasio
|
5
|
5
|
|
Otros
minerales/ceniza
|
5-8
|
5-8
|
|
| *Adaptado
de Balentine et al. (19) |
TABLA 2
Componentes flavonoides del té
|
|
Peso seco (%)
|
|
|
Té verde |
Té negro
|
|
|
Catequinas1
|
30-42
|
10-12
|
|
Teaflavinas2
|
|
3-6
|
|
Tearubígenos
|
|
12-18
|
|
Teogalina
|
2-3
|
|
|
Flavonoles3
|
5-10
|
6-8
|
|
Metilxantinas4
|
7-9
|
8-11
|
|
Amino Ácidos5
|
4-6
|
|
|
Ácidos Orgánicos6
|
2
|
|
|
*Adaptado
de Dufresne y Farnworth (4).
1 Principales componentes: epigalocatequina galato, epicatequina galato,
galocatequina galato, epicatequina, epigalocatequina, galocatequina,
catequina.
2 Principales componentes: teaflavina-3-galato, teaflavina-3’-galato,
teaflavina-3,3’-digalato.
3 Principales componentes: quercetina, campferol, rutina.
4 Principales componentes: cafeína, teobromina, teofilina.
5 Principales componentes: teanina.
6 Principales componentes: ácido caféico, ácido quínico, ácido gálico. |
Existen varios métodos, en la literatura científica, para
el análisis de flavonoides en diferentes tés (21-27). Un método simple, rápido
y preciso utiliza HPLC en gradiente con metanol y agua ligeramente acidificada,
con una columna C18 de fase reversa y un detector de arreglo de
diodos (28). A pesar de que varios estudios in vitro y con animales han
enontrado que los flavonoides son metabolizados en el tracto gastrointestinal,
no existen suficientes procedimientos analíticos para monitorear la formación
de productos metabólicos de quercetina en la orina de humanos (29).
Para poder entender más claramente el impacto de los
polifenoles sobre la salud humana, es importante conocer la naturaleza química
de los principales polifenoles en la dieta, las cantidades ingeridas, su
biodisponibilidad y los factores que controlan dicha biodisponibilidad (30). Los
escasos estudios sobre biodisponibilidad demuestran que la cantidad de
polifenoles intactos en la orina varían de un compuesto fenólico a otro (31).
La mayor parte (75-99%) de los polifenoles ingeridos no se encuentran en la
orina. Esto implica que no se absorbieron a través de la barrera gástrica, o
bien que se absorbieron y fueron excretados por medio de la bilis, o que fueron
metabolizados por la flora intestinal (16). Aherne y O’Brien (32) efectuaron
una revisión interesante de los estudios publicados sobre la absorción y el
metabolismo de flavonoles en humanos. Estos autores concluyen que el consumo
diario de flavonoides en general es difícil de estimar, debido a que los
valores dependen de la evaluación exacta de los hábitos alimentarios y de su
contenido en alimentos.
Capacidad protectora del té y sus componentes
Recientemente se ha demostrado que el té verde, y en particular la EGCG,
inhiben de manera efectiva el crecimiento de células cancerosas, sin afectar el
crecimiento de las células normales. Por ejemplo, Fujimoto et al. (33) sugieren
que el extracto de té verde puede contribuír a la prevención del cáncer de
pulmón, ya que EGCG o ECG inhiben el desarrollo de células pulmonares
cancerosas, a través de la inducción de células apoptósicas. Al igual, Das
et al. (34) descubrieron que el té verde inhibe el crecimiento de tumores y
previene la metástasis, con una reducción significativa en la peroxidación en
el suero de ratones. Se cree que la inhibición en la proliferación celular y
la inducción de apoptosis en el tracto digestivo, son los mecanismos
reponsables de producir los efectos quimioprotectores que actúan sobre el cárcer
de colon inducido quimicamente (35-37). Zhang et al. (38) descubrieron que los tés
verde, negro y oolong inhiben la proliferación de líneas celulares hepáticas
en ratas. Feng et al. (39) sugieren que ciertos antioxidantes, como los
polifenoles tipo quercetina, inhiben la producción de radicales libres en la
mitocondria. Sin embargo, los antioxidantes polifenólicos derivados del té no
inhiben la peroxidación lipídica in vivo en humanos (40). La
biodisponibilidad y la biotransformación de los polifenoles del té son
factores clave que pueden limitar la actividad quimioprotectora in vivo.
A lo largo de la última década, varios estudios epidemiológicos
y de casos controlados han encontrado una relación directa entre la ingesta de
té, en particular de té verde, y un menor riesgo de desarrollar cáncer en
humanos (41,42). Así también los estudios clínicos sugieren un posible efecto
benéfico del consumo de té sobre la incidencia de cáncer de mama, esófago,
pulmón, estómago, colon, riñón, próstata, piel y mucosa oral (2). Asimismo,
en base a los resultados de estudios in vitro e in vivo con
animales, se sabe que los polifenoles del té muestran ciertos efectos benéficos
para la salud durante la mayoría de las etapas del desarrollo de cáncer
(43-48). Se cree que esto es debido a su capacidad de actuar directamente sobre
ciertos carcinógenos.
El té verde en polvo también ha demostrado actividad
antiproliferativa e hipolipídica sobre células hepáticas (49). Takada et al.
(50) encontraron recientemente que las células cancerosas del tracto bilial
humano mostraron una supresión significativa en su crecimiento y una capacidad
de invasión reducida debido al tratamiento con EGCG, dependiente de la dosis.
Smith y Dou (51) demostraron que el polifenol
epigalocatequina inhibe el proceso de replicación de ADN y, por lo tanto,
induce la apoptosis de celulas leucémicas. La epigalocatequina inhibe la
incorporación de [3H]-timidina en las células humanas Jurkat T,
HL-60 y K562, e inhibe el progreso de la fase S a la fase G2. La
inducción de la apoptosis en las células cancerosas por parte de la
epigalocatequina sucede posteriormente a la inhibición del progreso de la fase
S.
El té induce enzimas como la glutatión S-transferasa, la
UDP glucuronosil-transferasa, la NADPH-quinona oxidoreductasa, y las enzimas
antioxidantes, las cuales contribuyen con la eliminación de los compuestos
carcinogénicos (48).
Metz et al. (52) demostraron que el extracto de té verde
suprime la formación de lesiones preneoplásicas inducidas quimicamente en el
colon de ratas. La EGCG y la EGC también inhibieron el crecimiento de células
cancerosas del colon humano, por lo que se considera que pudieran ser
considerados como agentes terapéuticos, siempre y cuando su capacidad de
absorción oral y su estabilidad en el plasma se puedan mejorar a través de
modificaciones químicas (53). Al igual, Jia y Han (35) demostraron que el té
verde inhibe el crecimiento de tumores del colon, inducidos quimicamente en
ratas, debido principalmente a la inhibición en la proliferación celular y la
inducción de la apoptosis en las criptas intestinales.
Hayakawa et al. (54) demostraron que las fracciones con un
peso molecular elevado en el té verde, negro y oolong inducen la apoptosis en
las células humanas monoblásticas leucémicas U937, gracias a su capacidad de
inhibir la proliferación celular. Estas fracciones de té también indujeron la
apoptósis en las células cancerosas MKN-45 del estómago humano. Gupta et al.
(55) demostraron que por medio de una infusión oral de fracciones polifenólicas
aisladas del té verde, se inhibió el desarrollo del cáncer de próstata en
ratones, lo cual aumentó su sobrevivencia. Las dosis ingeridas, equivalen a 6
tazas de té verde al día, logrando la inhibición casi total de la metástasis.
A pesar de que existen pocos estudios epidemiológicos sobre
la relación flavonoides-cáncer y algunos son aún controversiales, se ha
sugerido un efecto protector. Por otro lado, los efectos benéficos son más
claros en modelos de tumorogénesis con animales y los estudios in vitro
han contribuído con el conocimiento de su mecanismo de acción.
Lamentablemente, los resultados de estudios en humanos no son concluyentes.
Tés de hierbas
Cientos de tés procedentes de hierbas son vendidos actualmente en diversas
presentaciones, incluyendo mezclas de raíces, hojas, semillas, corteza, y otras
partes de arbustos y de árboles (56). En México, por ejemplo, el extracto
acuoso obtenido de las hojas secas de Ardisia compressa ha sido utilizado
eficazmente como un medicamento popular en contra de varios males del hígado,
incluyendo el cáncer. A. compressa es una planta de la familia
Myrsinaceae que crece en la costa del Pacífico Mexicano. En nuestro
laboratorio, hemos demostrado los efectos protectores del extracto de hojas
secas de A. compressa sobre la genotoxicidad, la citotoxicidad, y el daño
oxidativo inducido por benomilo y por 1-nitropireno en hepatocitos de rata
(57,58). Se cree que esto es posible gracias a ciertos mecanismos enzimáticos
antioxidantes relacionados con los diferentes constituyentes que se encuentran
en el extracto acuoso. Varias fracciones aisladas de A. compressa
mostraron un efecto inhibidor hacia las topoisomerasas I y II, lo cual presenta
la posibilidad de que varios compuestos del extracto sean quimioprotectores
(59). Su nivel de compuestos fenólicos (16.79 ±
1.22 mg/g de hojas secas), está de acuerdo a lo encontrado en la literatura
para otros tés (60). Igualmente, los estudios in vivo demostraron los
efectos inhibitorios del extracto de A. compressa, los cuales suprimen la
formación y el crecimiento de tumores hepáticos (datos aún no publicados).
Mecanismos de acción
Numerosos mecanismos han sido propuestos para explicar la actividad
anticarcinogénica del té verde y sus componentes, pero ninguna parece
universal para todos los tipos de cáncer (61). El equilibrio entre las enzimas
de la fase I, las cuales activan la angiogénesis, y las enzimas detoxificantes
de la fase II es muy importante para determinar el riesgo de desarollar cáncer
y el efecto protector de la ingesta de té (62). Varios estudios han confirmado
el efecto inductor del té en la expresión de las enzimas detoxificantes de la
fase II (63) y el efecto de los polifenoles de té sobre la apoptosis (64). Este
último efecto sucede sin daño a las células epiteliales normales por medio de
la intervención de un ciclo de regulación celular mediado por p57 (65).
Algunos otros mecanismos de acción propuestos incluyen la regulación del
efecto androgénico sobre algunos órganos (66), la inhibición de la angiogénesis
por medio de una restricción en la actividad proteolítica (67) y la escasez de
nutrientes y de oxígeno en las células (68-70). Recientemente también se ha
informado que el consumo de té produce una reducción en la actividad de la
ornitina descarboxilasa, la cual es responsable de catalizar el proceso
regulatorio de la biosíntesis de las poliaminas, relacionado con la proliferación
celular y la carcinogénesis (71). Otra observación importante ha sido la de
Jankun et al. (72), quienes encontraron que el té verde inhibe la actividad de
la enzima uroquinasa, crucial para el crecimiento del cáncer. Puede agregarse a
esta lista el hecho de que la EGCG interactúa con varios eventos celulares
mediados por las metaloproteinasas (factores de crecimiento angiogénico) en células
cancerosas y crea un mecanismo para la expresión de las propiedades
inhibitorias del cáncer (73). Algunos otros mecanismos moleculares propuestos
como posibles rutas quimioprotectoras del té incluyen la inducción de la
apoptosis y la terminación del ciclo celular por medio de las catequinas, la
inhibición de los factores de transcripción NF-kB y AP-1 (involucrados en la
inflamación y en la sobrevivencia de las células cancerosas) (74) y la
disminución en la actividad de la tirosina quinasa (75).
Los inhibidores de topoisomerasas del ADN constituyen una
familia nueva de agentes anticarginogénicos con actividad clínica comprobada
en humanos (76). Al igual, se ha demostrado que la EGCG inhibe la topoisomerasa
I, mas no la topoisomerasa II, en varias líneas de células cancerosas del
colon humano. Ferguson (77) ha logrado aclarar el papel de los polifenoles en la
estabilidad del genoma y sugiere la necesidad de efectuar estudios sobre el
papel inhibitorio de los fenoles sobre las enzimas topoisomerasas II y sus
posibles implicaciones a la salud.
CONCLUSIONES
El uso futuro del té y de sus componentes como sustancias nutracéuticas y
funcionales es muy prometedor. Es posible que los tés que se cultivan en
differentes localizaciones geográficas o durante diferentes épocas del año
tengan un efecto farmacológico diferente, probablemente relacionado con el
contenido fenólico de las hojas. La mayoría de los estudios existentes indican
que el té tiene efectos antioxidantes y quimioprotectores. Los polifenoles
presentes en té pueden modular muchos procesos biológicos en las células
tales como el crecimiento, las transformaciones malignas, la metástasis y la
apoptosis. Con respecto a cuestiones prácticas, y teniendo en cuenta las
concentraciones apropiadas de flavonoides para la salud, una persona debería
consumir aproximadamente 1 litro de té al día con un nivel estimado de 150 mg
de epigalocatequin galato. Este nivel de ingesta se puede incorporar a la dieta
regular. Sin embargo, la relación efecto-dieta debe ser estudiada más a fondo,
al igual que los constituyentes activos y los mecanismos protectores del té. La
pregunta sobre los beneficios reales del té a la salud humana y su régimen de
consumo más adecuado continúa siendo motivo de estudio científico.
Igualmente, es importante identificar cuales otros compuestos en el té, además
de los aquí mencionados, tienen un efecto quimioprotector.
AGRADECIMIENTOS
Agradezco la valiosa ayuda editorial del Sr. Luis Antonio Mejia, Jr.
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