HOME > EDICIONES > Año 2003, Volumen 53 - Número 3
Artículos Generales
Seguridad alimentaria y nutricional en un espacio de riesgo para la malaria
Valentina Guzmán, Adriana María Correa, Jaime Carmona-Fonseca, Silvia Blair Grupo Malaria, Universidad de Antioquia. Medellín, Colombia.
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RESUMEN Seguridad alimentaria y nutricional en un espacio de riesgo para la malaria Explorar algunas relaciones entre seguridad alimentaria y nutricional SAN y estado nutricional en una comunidad endémica para malaria, aplicando simultáneamente métodos cualitativos y cuantitativos. Se realizó un estudio descriptivo y prospectivo en familias de raza negra agricultoras de la cuenca del río Valle (Bahía Solano, Chocó, Colombia). La muestra la constituyeron todas las familias que derivaran la base de su alimentación de la agricultura. La SAN se midió a partir de la disponibilidad de alimentos mensual y se clasificó en adecuada e inadecuada según el porcentaje de adecuación calórica mensual disponible. Se evaluaron los riesgos de desnutrición aguda (indicador P/T), crónica (T/E) y global (P/E) y el riesgo de delgadez (IMC). Se hizo búsqueda activa de casos de malaria mediante gota gruesa. Se revisaron los registros oficiales de esta enfermedad. Se aplicaron encuestas sobre morbilidad y sobre conocimientos, actitudes y prácticas en malaria. El 29% de los hogares presentaron inseguridad alimentaria. Hubo déficit de proteína e hierro de alta biodisponibilidad, calcio y vitamina A en el 100% de las familias. En menores de 6 años el bajo P/T y T/E fue de 31% y 69%, en su orden, mientras en los niños de 6-10 años éstos fueron de 14% y 41%, respectivamente. En los adolescentes (11 a 17 años) el riesgo de delgadez fue de 15% y en los adultos fue de 3%. No hubo asociación entre la disponibilidad alimentaria y el estado nutricional familiar, sin embargo los hallazgos sugieren deficiencia subclínica de micronutrientes.
Palabras clave: malaria, seguridad alimentaria, disponibilidad alimentaria, estado nutricional, micronutrientes.
SUMMARY Food and nutritional security in a risk area for malaria To explore some relationships between alimentary and nutritional security (SAN) and nutritional status in an endemic malaria community, applying qualitative and quantitative methods simultaneously. The study was descriptive and prospective. The population were all farming Afro-American families who live in the basin of the river Valle (Bahía Solano, Chocó, Colombia) that derived the base of their feeding of the agriculture. The SAN was measured from the monthly availability of foods and was classified in adequate and inadequate according to the available monthly caloric balance percentage. We determined the risk of acute malnutrition (indicative P/T), chronic (T/E), global (P/E) and risk of thinness (BMI). We sought for malarian cases. The official data of illness were revised. We applied surveys to know the morbidity and knowledge, attitudes and practices in malaria infections. 29% of homes had alimentary insecurity. There was protein deficit and iron of high availability, calcium and vitamin A in 100% of families. In children under 6 years old, we found 31% and 69%, in same order, with low P/T and T/E, while in the 6-10 year old children had 14% and 41%, respectively. In adolescents (11 to 17 years old) the risk of thinness was 15% and in adults 3%. There was not association between alimentary available and family nutritional status. These results suggest subclinics deficiencies of micronutrients.
Key words: malaria, food security, nutrition status, micronutrients.
INTRODUCCIÓN
La seguridad alimentaria y nutricional es definida como la posibilidad que
posee cada individuo de acceder en todo momento a una cantidad de alimentos
suficiente y de buena calidad acorde con sus necesidades (1,2). En el análisis
de la seguridad alimentaria, la familia cumple un papel determinante, puesto que
allí "es donde se vive la calidad de la alimentación y nutrición de los
individuos que conforman el grupo familiar"(3), en este caso se considera
que una familia tiene seguridad alimentaria y nutricional cuando su demanda de
alimentos o sus derechos son mayores que sus necesidades, definidas como la suma
de las necesidades individuales (1).
La inseguridad alimentaria y nutricional, la desnutrición y
la malaria constituyen graves problemas de salud pública en países económicamente
dependientes. La disponibilidad alimentaria familiar y el acceso a la misma están
relacionados con la seguridad alimentaria y nutricional y el estado nutricional
con el consumo alimentario. En ausencia de seguridad alimentaria y nutricional
(SAN) existe un mayor riesgo de enfermar o morir por deficiencia de calorías y
nutrientes (4,5) favoreciendo la presencia y gravedad de infecciones (6,7). En
mujeres gestantes y en niños, la desnutrición aumenta el riesgo de enfermar y
de padecer las complicaciones de la malaria (8-10).
La cuenca hidrográfica del río Valle es una selva húmeda
tropical, tiene una extensión aproximada de 40 mil hectáreas, un promedio
anual de precipitación de 5000 a 6000 mm y temperatura entre 24 y 28 ºC; la
llanura aluvial del río Valle es la más grande y de mayor producción agrícola
de la costa Pacífica colombiana. En las partes media y alta de la cuenca
habitan indígenas Embera y en la zona baja del corregimiento El Valle
(municipio de Bahía Solano, Chocó, Colombia), situado en la desembocadura del
río al océano, reside población negra. Entre los habitantes es endémica la
malaria desde hace muchos decenios; entre 1990 y 1998 la incidencia de esta
enfermedad fue creciente, en 1998 sucedió la mayor epidemia conocida y, en El
Valle, el IPA (Índice parasitario anual: número de casos de malaria por
habitantes expuestos) llegó a 65 por mil habitantes expuestos; el brote epidémico
coincidió con el llamado fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) y después
de 1998 hubo un fuerte descenso de la frecuencia, debido a los cambios climáticos
asociados con la intensificación y el alargamiento de la temporada de lluvias,
como es usual en la fase posterior al ENOS. En El Valle predomina Plasmodium
falciparum, aunque en algunos períodos es mayor la frecuencia de
infecciones por P. vivax. Los vectores anofelinos más importantes en la
cadena epidemiológica de transmisión son Anopheles albimanus, el
principal, A. nuñeztovari (asociado al bosque) y A. (K) neivai
(relacionado con bromelias) (11-14).
La comunidad negra practica la agricultura de
roza-tumbe-pudre o la de tumba-quema-pudre; la primera consiste en rozar el
terreno y tumbar algunos árboles para dejarlos podrir, y usarlos de abono en el
caso de los cultivos de plátano y maíz. En la segunda, después del secado de
la vegetación derribada, ésta se quema y posteriormente se procede a la
siembra de arroz. En general, no hay problemas de acceso a la tierra. Las
herramientas de trabajo y las técnicas de arar, sembrar, administrar y cosechar
son rudimentarias; las semillas son nativas y no mejoradas; no hay control de
plagas; los sistemas de recolección, transporte y almacenamiento de productos
son precarios. Los habitantes dependen de la agricultura y la recolección de
productos silvestres para la subsistencia. La actividad comercial con otros
centros poblados es poca y se limita a la adquisición de alimentos,
combustibles y materiales de construcción. El arroz, principal producto
cultivado por los agricultores negros de la Cuenca, requiere de terrenos
anegados e inundaciones que favorecen el mantenimiento del ciclo vital de los
vectores. Además de la agricultura, los habitantes tienen otras actividades que
implican exposición a los mosquitos como la cacería y el aserrío de maderas
(15,16).
Este trabajo da cuenta de algunas de las relaciones entre la
SAN, la desnutrición y la malaria entre las familias negras agricultoras de la
cuenca del río Valle, relaciones exploradas a partir de la disponibilidad
alimentaria, de la valoración del aporte calórico y nutricional de los
alimentos disponibles con respecto a las necesidades calóricas y nutricionales
de la familia y a partir de la medición de los riesgos de desnutrición de cada
uno de los miembros.
METODOLOGÍA
Tipo de estudio
Se aplicó un diseño descriptivo, prospectivo y longitudinal. La recolección
de los datos se hizo entre agosto de 2000 y febrero de 2001. Se realizaron
cuatro viajes a la zona de estudio de un mes de duración cada uno, planeados
para procurar cubrir los ciclos de lluvias y no lluvias.
Población de referencia y unidad de análisis
La población de referencia son las familias de raza negra residentes en la
cuenca del río Valle (río y sus afluentes), tanto de las riberas (zona rural)
como en el casco urbano del corregimiento, que derivaran la base de su sustento
de la agricultura, ya que al menos uno de sus miembros debía tener ésta como
su ocupación principal. La unidad de análisis para la evaluación de la
seguridad alimentaria y nutricional, el estado nutricional, la incidencia de
malaria, la situación sociodemográfica y de morbilidad fue la familia nuclear:
definida como el grupo de personas que comparten en forma habitual una misma
vivienda, la misma alimentación y que generalmente tienen lazos de
consanguinidad (3). La unidad de análisis empleada para la interpretación de
los hallazgos obtenidos y con la cual está construida la discusión de este
informe fue la familia extensa: entendida como el conjunto de varias familias
nucleares que conviven en una misma vivienda; entre la población negra de este
lugar esta es la forma familiar que constituye el tejido social y es la base del
sistema de producción de alimentos a partir del cultivo de la tierra. La
integran parejas de esposos, sus hijos, los hijos habidos con otras compañeras
o compañeros, los primos hermanos (que tienen la jerarquía de hermanos), otros
primos, los padres y abuelos de la pareja.
Bonilla y colaboradores, a raíz de sus investigaciones en La
Tola y Cunday (17), expresaron que el estudio del efecto de las enfermedades
tropicales debe incluir tres aspectos muy importantes: a) la unidad de análisis
deben ser los hogares del individuo enfermo, b) el hogar debe percibirse como
una unidad de producción integrada por miembros que configuran una red de
relaciones y de compromisos mutuos y que comparten los recursos disponibles
monetarios y no monetarios, c) el hogar debe concebirse como una unidad de
consumo, producción reproducción porque se ocupa también del mantenimiento
cotidiano e intergeneracional de la fuerza de trabajo. En las familias
agricultoras de la cuenca de El Valle estos tres aspectos son una realidad
absoluta y por tal motivo consideramos correcta la elección de la familia como
la unidad de análisis de esta investigación.
Muestra
La muestra se integró con todas las 37 familias nucleares (216 personas)
que en agosto de 2000 realizaban en forma estable labores agrícolas en predios
del río Valle o de sus afluentes. De las 37 familias, 21 (57%) residían en las
riberas del río (zona rural) y 16 (43%) en el casco urbano. El estudio se
terminó en febrero 2001 con 23 familias (141 individuos), 10 rurales y 13
urbanas. Las otras se negaron a continuar en la investigación debido a que no
les suministraban alimentos.
La evaluación del estado nutricional fue realizada en agosto
2000 en 162 personas (37 familias) y en febrero 2001 se logró examinar a 99 de
ellas (19 familias), de tal forma que la muestra del estudio longitudinal quedó
conformada con 99 sujetos.
SAN de las familias
La disponibilidad alimentaria se usó como indicador de la SAN de las
familias. Mientras mayor es la disponibilidad alimentaria mensual de la familia
frente a sus requerimientos calóricos, mayor es el grado de SAN en ese mes. Se
indagó a cada familia por los alimentos y las cantidades (Kg.) disponibles cada
mes, así como la fuente u origen de ellos (cultivo, recolección, pesca,
compra, regalo, intercambio) y el destino de los mismos (autoconsumo, venta,
trueque, donación). Se utilizó la metodología de la hoja de balance de
alimentos (HBA) propuesta por la FAO con ajustes hechos por nosotros para
cada familia (18), para cuantificar la disponibilidad alimentaria familiar y
estimar cuánto fue destinado para el autoconsumo. Para la cuantificación del
autoconsumo se indagó a cada familia por la cantidad y tipo de alimentos
provenientes de la producción (cultivo y recolección silvestre) destinados sólo
para el consumo de la familia. En el ámbito rural el autoconsumo se refleja en
el estado nutricional de la población.
Con base en la disponibilidad alimentaria se evaluó la SAN
durante siete meses consecutivos. El aporte de la disponibilidad en energía y
nutrientes (proteína, hierro, calcio, fósforo, vitamina A) permitió analizar
la cantidad y calidad de la disponibilidad alimentaria familiar mensual y se
determinó utilizando las tablas de composición de alimentos (19,20 ), esta
información se comparó con los requerimientos de energía y nutrientes por
familia (sumatoria de los requerimientos calóricos y de nutrientes de cada uno
de cada uno de los miembros), estimaciones realizadas a partir de las
recomendaciones de calorías y nutrientes para la población colombiana (21). El
porcentaje de adecuación se calculó al dividir el aporte disponible (obtenido
a partir de la aplicación de la HBA ajustada) entre el requerido y multiplicar
el cociente por 100. El porcentaje de adecuación sólo de calorías permitió
clasificar el grado de disponibilidad alimentaria según la FAO (22), así:
porcentaje de adecuación calórico superior al 110% se consideró como
disponibilidad plena; valores entre 100 y 110% como disponibilidad inestable;
valores entre el 90 y 99% disponibilidad insuficiente y valores inferiores al 90
% disponibilidad crítica; en resumen, cuando el porcentaje de adecuación se
encuentra por debajo de 111% la disponibilidad se encuentra inadecuada o no
plena y la familia se encuentra con inseguridad alimentaria.
Para evaluar la estabilidad de la SAN en los siete meses
consecutivos, se clasificó la inseguridad alimentaria y nutricional en crónica,
si la familia permaneció con disponibilidad alimentaria crítica o insuficiente
durante todo el periodo de evaluación, y transitoria, si la disponibilidad
alimentaria osciló entre plena e insuficiente durante los meses de evaluación
(1).
Evaluación del estado nutricional individual y familiar
La evaluación del estado nutricional se hizo en agosto de 2000 y en febrero
de 2001. En la primera medición participaron 162 personas y de ellas en la
segunda ocasión se logró captar a 99 (61%). En los niños menores de 24 meses
se usó el "infantómetro" y la báscula para pesar bebés; en los
mayores de 24 meses, adolescentes y adultos se emplearon tallímetro y báscula
para piso.
La clasificación del estado nutricional de niños menores de
10 años se realizó con base en los indicadores de riesgo nutricional: peso
para la talla (P/T), peso para la edad (P/E) y talla para la edad (T/E),
procesados con el módulo Epinut incluido en el programa EpiInfo versión
6.04/1994 y se usaron los puntajes Z como medidas de clasificación (23). El
punto de corte utilizado para definir el riesgo de desnutrición fue el valor
dado por la mediana menos una desviación estándar (22). La clasificación
nutricional de adolescentes y adultos se hizo a partir del índice de masa
corporal (IMC); en adolescentes, todo IMC inferior al percentil 15 fue indicador
de riesgo de delgadez (24), mientras que en adultos los valores de IMC menores
de 18.5 kg/m2 indicaron riesgo de deficiencia crónica de energía
(25). En la segunda evaluación nutricional realizada en febrero sólo se evaluó
el indicador P/T (22).
El interés de esta investigación fue conocer algunas
relaciones entre SAN, disponibilidad alimentaria y estado nutricional, para esto
se construyó un indicador para la evaluación del estado nutricional familiar,
así: una familia se consideró bien nutrida si todos los integrantes evaluados
en las dos mediciones antropométricas (agosto 2000 y febrero 2001) carecieron
de riesgo de desnutrición por los indicadores simultáneamente aplicados (P/T,
T/E, P/E e IMC en la primera medición y P/T e IMC en la segunda). Una familia
está en riesgo de desnutrición si al menos uno de sus integrantes presenta
riesgo nutricional por cualquiera de los indicadores, independientemente de la
cantidad de personas afectadas en la familia.
Evaluación de la malaria y del estado de salud
Se hizo una encuesta de prevalencia de malaria a los integrantes de las 37
familias, y se realizó el examen de gota gruesa, de acuerdo con los
procedimientos recomendados por OPS-OMS. Se buscó información sobre frecuencia
de malaria en los archivos del hospital de Bahía Solano y en la alcaldía de
este municipio, sitios a donde llegan los informes del corregimiento de El
Valle. Se hicieron encuestas a cada jefe de familia sobre la morbilidad sentida
por los diferentes miembros de la familia durante el mes anterior a la evaluación
y sobre los conocimientos, actitudes y prácticas familiares con respecto a la
malaria. Ambas encuestas fueron respondidas por la mujer jefe de hogar en el 89%
de las veces y por el hombre jefe de hogar en el restante 11%.
RESULTADOS
Situación sociodemográfica y sanitaria
Se estudió la totalidad de las 37 familias negras agricultoras asentadas en
la cuenca del río Valle, tanto en ésta como en sus afluentes; esas familias reúnen
a 216 personas, de las cuales el 44% residen en la zona rural. Del total de 216
individuos, 59% son hombres, pero en la zona rural representan el 76% de los
habitantes. El 31% son niños (0-10 años), el 19% son adolescentes (11-17 años),
el 41% adultos (18-60 años) y el 9% restante son ancianos (mayores de 60 años).
El promedio de personas por familia es 6 y el 47% tiene de 5 a 10 miembros. El
46% de las mujeres (38 personas) tiene entre 11 y 50 años (edad reproductiva) y
de ellas 5% se hallaron en gestación y 16% en lactancia.
El 31% de las personas, incluyendo los menores de 7 años,
tiene cero años de asistencia a instituciones educativas, el 45% tiene entre 1
y 5 años, el 23% de 6 a 11 y el 1% más de 11 años. Es notorio que entre los
mayores de 15 años el 30% nunca ha asistido a la escuela. En la zona rural se
cuenta con una escuela de educación básica primaria y en la zona urbana
existen tres escuelas primarias, un centro de bachillerato clásico o académico
y uno de bachillerato técnico (instituto técnico agrícola). La cobertura de
los servicios de seguridad social en salud es muy reducida según indicaron los
habitantes (no fue posible obtener cifras oficiales). La población cuenta con
la presencia del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar el cual se encarga
de los programas de recuperación nutricional y de educación nutricional en la
zona, de los cuales sólo se beneficia parte de la población.
En los menores de 18 años la ocupación principal
predominante fue el estudio y en los adultos y ancianos la agricultura. El 49%
de las personas tenían las actividades agrícolas menores (huertas
domiciliarias) o la actividad agrícola ocasional como ocupación
complementaria. Un total de 63 personas (29%), sobre 216, percibieron ingresos
monetarios por algún trabajo y ahí se incluyen niños, adultos y ancianos; la
mediana del ingreso monetario fue de ochenta mil pesos. La inversión en
alimentos se correlaciona en forma positiva con la cuantía de los ingresos y el
54% de estos se usó para adquirirlos.
No se encontró ningún caso de malaria entre las 216
personas examinadas, pero los registros oficiales consultados indican que en esa
época hubo casos de la enfermedad entre los habitantes de El Valle, aunque
pocos, comparados con otros años. El 89% de los 37 jefes de hogar encuestados
ha padecido malaria en algún momento de su vida, con un promedio de 3 ataques
por persona y la última vez que tuvieron paludismo fue hace 4 años, en
promedio, el 3% hace menos de 1 año; el 26% entre 1 y 5 años; 42% entre 6 y 10
años y el 29% hace más de 10 años.
El 97% de los jefes de hogar encuestados dice conocer
"porqué la persona se enferma de paludismo", el 71% indica una razón
asociada con "el zancudo" y el 17% da una explicación que se refiere
"al zancudo y al agua estancada" en pozos y charcas. La mayoría
asocia la picadura del zancudo con la enfermedad. A la pregunta "qué hace
cuando tiene paludismo", los encuestados dieron una o varias respuestas: el
37% dijo que iba a puestos de salud a buscar diagnóstico y tratamiento, el 34%
va a consulta médica, el 34% toma infusiones de hierbas y el 26% usa baños
preparados con plantas. Duermen entre 1 y 5 personas por toldillo o mosquitero
(bednet)*, con mediana de 2. El 57% dijo que "alguna vez" su
vivienda había sido fumigada con insecticida residual y, entre los que dieron
respuesta afirmativa, el 21% dijo que la fumigación ocurrió hace menos de 1 año,
el 37% entre 1 y 2 años y el 43% hace más de 2 años. El 71% considera que la
fumigación de la vivienda es útil para controlar la malaria.
El 25% de los 216 habitantes señaló "sentirse
enfermo" en algún momento del mes anterior a la entrevista y relataron
trece "causas", "enfermedades" o "molestias"
diferentes, incluyendo síntomas (fiebre, dolor de cabeza, dolor en los músculos).
La "fiebre, el dolor de cabeza, la gripa, la diarrea" fueron los
cuatro problemas más frecuentes entre los enfermos menores de 6 años y mayores
de 60 años.
Producción de alimentos
Durante los 7 meses del estudio, las familias produjeron un total de 102
toneladas de alimentos, así: carnes y pescados 3, molerías puras
(representadas por oleaginosas) 3, frutas 23, tubérculos 35 y cereales 38
toneladas; la producción de huevos, lácteos y verduras fue casi nula. Los
cereales cultivados son el arroz y el maíz se cosechan en algunos meses del año.
El arroz se cosecha en el mes de agosto y es almacenado hasta un nuevo ciclo agrícola
para tener semilla y disponibilidad para el autoconsumo familiar y la venta. La
producción de maíz en la época del estudio fue casi nula, pues una temporada
invernal previa acabó con la cosecha y con la semilla. Los plátanos que se
cultivan corresponden a las variedades: hartón, felipita, popocha y primitivo,
y los tubérculos más cultivados son el achín y la yuca. Las frutas
comprenden: borojó, chontaduro, guayaba, limón, naranja, zapote y banano; el
mes de mayor recolección es agosto y los de menor recolección diciembre y
enero. El grupo de las carnes y pescados está conformado por especies menores,
como el cerdo, la gallina, los animales de caza (zaino, guagua, iguana y venado)
y por pescados de mar y río, todos estos destinados para el autoconsumo e
intercambio familiar.
Disponibilidad alimentaria familiar y sus fuentes
Las fuentes de la disponibilidad alimentaria fueron la producción
(alimentos cultivados más los recolectados de la oferta silvestre), las
existencias previas, la compra y los alimentos obtenidos por regalo e
intercambio; los destinos de los alimentos fueron la venta, donación, trueque
por bienes y servicios, autoconsumo y otros usos (semillas, alimentos para
animales y pérdidas). Las existencias reflejan el volumen de producción de
arroz en agosto de 2000, el excedente de producción lo distribuimos en partes
iguales en los seis meses siguientes hasta febrero 2001 (Tabla 1).
Tabla 1
Disponibilidad familiar mensual de alimentos (kg) según la fuente y destino
El Valle, agosto 2000 a febrero 2001
|
|
Fuente o mes
Destino
|
Ago
|
Sep
|
Oct
|
Nov
|
Dic
|
Ene
|
Feb
|
Total
|
|
|
Producción (P)
|
45735
|
11395
|
8333
|
10987
|
6810
|
7318
|
10570
|
101146
|
|
Venta (V)
|
7335
|
4167
|
2746
|
4690
|
771
|
1141
|
1711
|
22562
|
|
Dona (D)
|
4887
|
2729
|
607
|
1673
|
866
|
758
|
1125
|
12645
|
|
Trueque (T)
|
1071
|
91
|
322
|
104
|
614
|
335
|
78
|
2614
|
|
Existencias (Ex)
|
0
|
3634
|
3634
|
3634
|
3634
|
3634
|
3634
|
21804
|
|
Compra (C)
|
1179
|
648
|
627
|
992
|
882
|
757
|
937
|
6023
|
|
Regalo (R)
|
466
|
80
|
18
|
228
|
4
|
258
|
161
|
1214
|
|
Intercambio (I)
|
123
|
7
|
35
|
32
|
34
|
85
|
2
|
318
|
|
DTB*
|
34209
|
8776
|
8971
|
9406
|
9114
|
9818
|
12390
|
92683
|
|
Autoconsumo (A)
|
9422
|
4734
|
4982
|
6616
|
5880
|
6242
|
7003
|
44878
|
|
Otros usos (OU)
|
24787
|
4042
|
3989
|
2790
|
3234
|
3576
|
5387
|
47805
|
|
DTN**
|
11190
|
5469
|
5662
|
7868
|
6800
|
7341
|
8102
|
52433
|
|
( Ax100)/DTN
|
84
|
87
|
88
|
84
|
86
|
85
|
86
|
86
|
|
( Ax100)/ P+E
|
21
|
29
|
37
|
41
|
49
|
50
|
45
|
34
|
|
Entradas (E)
|
1768
|
735
|
680
|
1252
|
920
|
1100
|
1100
|
7555
|
|
Salidas (S)
|
38081
|
11029
|
7665
|
9257
|
5484
|
5810
|
8301
|
85626
|
|
|
*Disponibilidad
total bruta DTB: existencias Ex + entradas E + salidas S + otros uso OU
**Disponibilidad
total neta DTN: existencias Ex + entradas E + autocosumo A
|
El 71% de los alimentos producidos proviene del cultivo de
plantas y animales domésticos, mientras el 29% restante proviene de la
recolección de productos silvestres vegetales y animales (frutos, pescado y
carne de cacería). Una fuente importante de la disponibilidad alimentaria fue
la lactancia materna, ya que 56% de los niños de 0 a 24 meses estaban siendo
amamantados.
La compra, los alimentos regalados y el intercambio de
productos contribuyen a la disponibilidad total neta en un 15% (13 a 16%),
mientras que el 85% restante (84-87%) corresponde a los alimentos obtenidos por
producción, es decir que de cada 1000 gramos de alimentos destinados para el
consumo familiar, al menos 800 gramos provienen de la propia producción
alimentaria.
Un 47% de los alimentos producidos fue destinado a otros
usos, que corresponde a las pérdidas de alimentos (durante el transporte,
secado, almacenamiento, etc), la cantidad destinada para semillas y aquella
usada para alimentar animales. Uno de los aspectos que reduce la disponibilidad
alimentaria y pone en riesgo la SAN familiar corresponde a pérdidas de
alimentos.
SAN según el grado de disponibilidad alimentaria
El 24% de las familias presentó disponibilidad alimentaria inadecuada
(inseguridad alimentaria y nutricional) en agosto de 2000 y este porcentaje
aumentó a 26% en febrero de 2001. La mediana fue de 30% y los meses de menor
disponibilidad fueron septiembre y octubre (Tabla 2). Aquellas familias que
tuvieron disponibilidad alimentaria inadecuada, presentaron mayoritariamente una
disponibilidad alimentaria inferior al 90% puesto que la media de las familias
con disponibilidad alimentaria crítica (16%) es mayor que la media de las
familias que se encontraron con disponibilidad alimentaria insuficiente e
inestable (9% y 4% respectivamente). Se observó que generalmente, cuando se
acentúa la disponibilidad alimentaria inadecuada, ocurre una disminución de
los alimentos destinados para el autoconsumo.
Tabla 2
Disponibilidad alimentaria familiar por mes y grado de disponibilidad
El Valle, agosto 2000 a febrero 2001 (porcentajes)
|
|
Disponibilidad
alimentaria
|
2000
|
2001
|
|
Ago
|
Sep
|
Oct
|
Nov
|
Dic
|
Ene
|
Feb
|
X
|
Me *
|
|
|
Crítica
|
8
|
16
|
24
|
13
|
13
|
17
|
22
|
16
|
16
|
|
Insuficiente
|
8
|
12
|
4
|
13
|
17
|
8
|
0
|
9
|
8
|
|
Inestable
|
8
|
8
|
4
|
4
|
0
|
0
|
4
|
4
|
4
|
|
No plena
|
24
|
36
|
32
|
30
|
30
|
25
|
26
|
29
|
30
|
|
Plena**
|
76
|
64
|
68
|
70
|
70
|
75
|
74
|
71
|
70
|
|
|
*X
media aritmética, Me mediana
**
Suma de disponibilidad crítica, insuficiente e inestable
|
El 25% (16 a 30%) de las familias con disponibilidad
alimentaria crítica e insuficiente padece inseguridad alimentaria crónica (1),
es decir una disponibilidad de calorías inferior a 100% durante los siete meses
del estudio. Por otra parte, la inseguridad alimentaria transitoria, es decir el
desplazamiento de disponibilidad plena hacia inestable o insuficiente fue mayor
durante septiembre, octubre, noviembre y diciembre (tabla 3). El 56% de las
familias desertó del estudio y pertenecían al grupo con mayor problema de
disponibilidad de alimentos.
Porcentaje de adecuación de calorías y nutrientes
Si desde el punto de vista cuantitativo la disponibilidad de alimentos (medida
como disponibilidad de calorías) fue adecuada en el 71% de las familias, en el
aspecto cualitativo el problema es más grave. La mediana del porcentaje de
adecuación de proteínas, hierro, fósforo y vitamina C fue superior al 100%,
mientras que el calcio y la vitamina A tienen valores inferiores al 50%, siendo
más grave la deficiencia en la zona urbana que en la rural.
La disponibilidad de proteína en las familias con
disponibilidad crítica es de 80%, es decir que ésta no alcanza a cubrir sus
requerimientos. La mediana de los porcentajes de adecuación para este nutriente
en las categorías de disponibilidad crítica, insuficiente e inestable se
encuentra en 80%, 109% y 134%, en su orden. Sin embargo, la proporción de
kilogramos que representan los alimentos de origen animal con respecto al total
de kilogramos producidos entre agosto y febrero es del 4%, es decir, que esta
disponibilidad proteica es predominantemente de baja digestibilidad (origen
vegetal).
La mediana de la disponibilidad del hierro se encuentra en
105% (61 a 167% de porcentajes de adecuación) en las familias con
disponibilidad crítica, 102% (61% a 258% porcentajes de adecuación) en
familias con disponibilidad insuficiente y adecuaciones superiores al 185% en
aquellas con disponibilidad inestable y plena. Sin embargo el aporte dietario
del hierro en esta población es de baja calidad, porque proviene en su mayoría
de alimentos de origen vegetal, (hierro tipo no hemínico) y este último sólo
se absorbe en un rango de 1 a 40%.
La mediana de los porcentajes de adecuación para vitamina A
es deficitaria en la mayoría de los meses y únicamente en agosto y febrero
hubo disponibilidad de esta vitamina superior al 100% pero sólo en las familias
con disponibilidad plena de calorías (% de adecuación calórico superior al
110), época de cosecha de chontaduro y zapote. (Gráfico 1).
Tabla 3
Clasificación de la seguridad alimentaria y nutricional familiar mensual
El Valle, agosto 2000 a febrero 2001 (porcentajes)
|
|
Clasificación
de la
SAN
|
2000
|
2001
|
|
Ago
|
Sep
|
Oct
|
Nov
|
Dic
|
Ene
|
Feb
|
X
|
Me *
|
|
|
Seguridad alimentaria y
nutricional**
|
76
|
64
|
68
|
70
|
70
|
75
|
74
|
71
|
70
|
|
Inseguridad alimentaria crónica***
|
16
|
28
|
28
|
26
|
30
|
25
|
22
|
25
|
26
|
|
Inseguridad alimentaria
transitoria****
|
___
|
12
|
8
|
6
|
6
|
1
|
2
|
6
|
6
|
|
|
*X
media aritmética, Me mediana
**Seguridad
alimentaria y nutricional:>111% de adecuación de calorías
***Inseguridad
alimentaria crónica: sumatoria de las familias con disponibilidad
alimentaria crítica e insuficiente en los meses de estudio.
****Inseguridad
alimentaria transitoria: número de familias que se desplazaron de
disponibilidad plena hacia inestable e insuficiente en los meses de
estudios
|
Gráfico 1
Mediana de los porcentajes de adecuación de algunos
nutrientes según el grado de disponibilidad alimentaria
 |
|
|
Disponibilidad
alimantaria adecuada: > 111% de adecuación de calorías |
|
|
Disponibilidad
alimantaria inadecuada: > 1101% de adecuación de calorías |
|
Evaluación del estado de nutrición individual y familiar
De las 37 familias nucleares halladas en agosto de 2000, 15 (39%) desertaron del
estudio porque no se les suministró alimentos. En la primera evaluación se
estudiaron 162 personas y siete meses después se pudo evaluar a 99 de ellas, así
que el estudio longitudinal completo se hizo en estos 99 sujetos, cuyos
resultados aparecen en el (tabla 4). El 31% de los niños de 0 a 5 años
mostró bajo P/T en agosto de 2000, cifra que se mantuvo siete meses después.
El 14% de los niños de 6-10 años tuvo bajo P/T en agosto de 2000 y un 9% en
febrero de 2001. En la primera evaluación, la baja T/E afectó al 69% de los
menores de 6 años y al 41% de los niños de 6 a 10 años. Es de suponer que si
no hubiese sucedido la deserción de tantas familias, el riesgo de desnutrición
sería mayor en la segunda evaluación.
El riesgo de delgadez para los adolescentes (11 a 17 años)
fue de 15% en la primera medición y de 11% en la segunda, mientras que para los
mayores de 17 años fue de 3% y cero, respectivamente.
Si en la primera medición se tienen en cuenta los tres
indicadores antropométricos, el 54% de las 37 familias presentó al menos un
miembro con riesgo de desnutrición en alguno de esos indicadores. En 24 de las
37 familias se evaluó a alguno de sus miembros en las dos mediciones, en la
primera el 75% de ellas mostró al menos un integrante con bajo P/T o IMC, este
porcentaje bajó a 71% en febrero de 2001.
Estado nutricional familiar según la disponibilidad de
alimentos
Al inicio, de las 37 familias evaluadas 45% se encontraron en riesgo de
desnutrición, y de éstas el 13% tenía disponibilidad alimentaria inadecuada.
El 54% de las familias (37) se encontró sin riesgo de desnutrición y de éstas
11% presentó disponibilidad alimentaria inadecuada (Tabla 5). Siete meses más
tarde, en febrero de 2001, la situación era similar: de las 19 familias, el 10%
tenía disponibilidad inadecuada y algún miembro en riesgo de desnutrición,
frente a 21% con disponibilidad inadecuada y todos sus integrantes sin riesgo de
desnutrición (Tabla 5).
Tabla 4
Porcentaje de riesgo de desnutrición según indicador y fecha de evaluación,
por grupo etáreo, en 99 personas con las dos evaluaciones
|
|
Edad (años)
|
Riesgo de
desnutrición según indicador y fecha de evaluación
|
|
#
|
Aguda (P/T)
|
Crónica (T/E)
|
Global (P/E)
|
Delgadez (IMC)
|
| ago-2000 |
feb-2001 |
ago-2000
|
ago-2000
|
Ago-2000
|
Feb-2001
|
|
|
0-5
|
16
|
3
|
31
|
69
|
68
|
_
|
_
|
|
6-10
|
22
|
14
|
9
|
41
|
27
|
_
|
_
|
|
11-17
|
27
|
_
|
_
|
_
|
_
|
15
|
11
|
|
18 y más
|
34
|
_
|
_
|
_
|
_
|
3
|
0
|
|
Tabla 5
Relación entre la SAN familiar y el estado de nutrición familiar (EN)*
en agosto 2000 y febrero 2001
|
|
Seguridad
Alimentaria
|
Estado
nutricional Familiar
|
|
Primera evaluación
(agosto 2000)
|
Segunda evaluación
(febrero 2001)
|
|
Con desnutrición
|
Sin desnutrición
|
Con desnutrición
|
Sin desnutrición
|
|
|
Inadecuada
|
5 (13%)
|
4 (11%)
|
2 (10%)
|
4 (21%)
|
|
Adecuada
|
12 (32)
|
16 (43%)
|
3 (16%)
|
10 (53%)
|
|
|
*Familia nuclear con desnutrición y sin
desnutrición: ver definición en metodología
|
DISCUSIÓN
En esta investigación se buscó conocer algunas de las relaciones entre la
SAN (medida sólo a partir de la disponibilidad de alimentos) y la malaria entre
las familias agricultoras de la cuenca del río Valle, comunidad conocida por
albergar en forma endémica la malaria.
Los resultados obtenidos indican que en la época del estudio
la prevalencia de paludismo fue poca, frente a lo sucedido históricamente, pero
la baja prevalencia era esperada, ya que el estudio se hizo en la fase
inmediatamente posterior a la ocurrencia de una gran epidemia, la mayor de todas
las conocidas en el siglo XX en Colombia (26), y en plena etapa posterior al fenómeno
cíclico ENOS, cuando se presentan condiciones climáticas que reducen en forma
drástica las condiciones favorables para la transmisión de la malaria (27). La
información epidemiológica en febrero 2002 indica que en el país existe,
desde finales de 2001, un nuevo incremento del paludismo y que en áreas como el
Chocó otra vez las cifras llegan a niveles muy altos, de nuevo P. falciparum
se torna en la especie dominante (durante la fase inmediatamente posterior al
ENOS prevaleció P. vivax), y las complicaciones y el número de muertes
(aunque no la tasa de mortalidad) se incrementan en forma acelerada, entre otros
fenómenos cíclicos. No hay duda, en consecuencia, de que nos encontramos en
una zona de riesgo malárico, uno de los mayores de Colombia, sometida a fuertes
oscilaciones periódicas en las condiciones naturales que determinan la
transmisión.
A todo lo anterior deben agregarse causas de índole social,
es decir económicas, políticas e ideológico-culturales, que inciden
poderosamente en la configuración y dinámica del espacio de riesgo palúdico.
En particular, hay que resaltar el abandono por parte del Estado colombiano de
una política de salud pública, que ha llevado a la supresión fáctica del
programa y las acciones de control de la malaria, como la aplicación de
insecticidas residuales, la búsqueda activa de casos, el diagnóstico con gota
gruesa y el suministro de medicamentos. Los resultados de la encuesta aplicada
en El Valle son elocuentes: sólo el 57% dijo que "alguna vez" su
vivienda había recibido fumigación con insecticida residual y, por ejemplo, el
43% señaló que ello sucedió hace más de 2 años. Además, el puesto de salud
de la zona carece de personal capacitado en el diagnóstico y tratamiento de la
enfermedad. Con relación a las acciones de control de la malaria, hay que
enfatizar en que un componente clave de ellas es la aplicación de insecticidas
en las viviendas, pero en comunidades como El Valle algunas viviendas no son
apropiadas para que tal aplicación sea efectiva, pues las paredes son escasas o
están ausentes, presentan hendiduras y los anjeos están deteriorados, entre
otras fallas.
De acuerdo con Bonilla y colaboradores (17), "la
percepción del riesgo de contraer la malaria es un requisito para que las
personas realicen las acciones preventivas necesarias para controlar la
enfermedad". Los conocimientos, actitudes y prácticas frente a la malaria
son elementos determinantes del espacio de riesgo malárico. Recordemos que el
97% de los jefes de hogar encuestados dice conocer "por qué la persona se
enferma de paludismo", el 71% indica una razón asociada con "el
zancudo" y el 17% da una explicación que se refiere "al zancudo y al
agua estancada" en pozos y charcas. Ya Bonilla y colaboradores habían
informado que en sus investigaciones en Cunday (Tolima) y La Tola (Nariño),
ambos lugares en Colombia, la malaria se atribuía fundamentalmente a la
picadura del zancudo, a la contaminación del agua y a la debilidad del cuerpo
(17). Como informaron también estos mismos autores, aunque la mayoría asocia
la picadura del zancudo con la enfermedad, no tienen claridad acerca de la
manera como ello sucede. Los tratamientos que usan para el paludismo son, como
en los estudios de Bonilla y asociados (17), una combinación de medicamentos
alopáticos (usados en los programas gubernamentales antimaláricos) y de
plantas que ellos juzgan con poderes medicinales.
En otro orden de ideas, para la evaluación de la SAN se
empleó la metodología de la HBA de la FAO (18), la cual evalúa disponibilidad
de alimentos nacional, sin embargo esta metodología fue ajustada a cada familia
para valorar la disponibilidad de alimentos mensualmente, éstos fueron
traducidos a calorías y nutrientes y las primeras nos permitieron clasificar el
grado de SAN mensual familiar. De acuerdo a esto se observa que la producción
de alimentos por parte de los agricultores de El Valle es relativamente autónoma,
pues el 80% de los kilogramos de alimentos destinados para el consumo familiar
provienen de la propia producción alimentaria (cultivo, recolección silvestre,
caza, pesca y cría de animales domésticos). Llama la atención sobre una
realidad que amenaza la SAN, como es la inmensa fragilidad de su sistema
productivo, sometido a las variaciones extremas del clima, que lleva, por
ejemplo, a hacer desaparecer el maíz durante muchos meses y contribuye a la
oscilación de la inseguridad alimentaria entre crítica y transitoria en las
familias, en este estudio estos valores corresponden a 25% y 6% respectivamente.
El problema de la inseguridad alimentaria se acentúa si se consideran fenómenos
como la ausencia de políticas y programas estatales que busquen estimular y
proteger la economía campesina de pequeña y mediana escala, carencias más
acentuadas en regiones marginadas como el Chocó y que son problemas de larga
duración en Colombia, como lo ha señalado Machado en forma reciente (28).
También preocupa la escasa diversidad de los cultivos, reducida en el caso de
los cereales como el maíz y el arroz, y en los tubérculos dependiente de la
yuca y el achín. Las frutas son más abundantes pero ellos no las cultivan y se
limitan a recoger lo que producen, pues las plantas y árboles no reciben
abonos, limpiezas ni tratamiento de enfermedades. Las fuentes de vitamina A están
restringidas, como se vio, al zapote y el chontaduro, cuya producción es cíclica
(agosto y febrero), quedando desabastecidos el resto del tiempo, pues no
utilizan otros alimentos fuentes de este nutriente. Tan dramática es la situación
que, como se informó antes, sólo en la época de cosechas de chontaduro y
zapote hubo disponibilidad de vitamina A superior al 100% pero sólo en las
familias con disponibilidad plena de calorías. Durante los siete meses de la
investigación, la producción de carnes fue muy pequeña, sólo 3 toneladas,
que implican —si se divide el total de toneladas en bruto por 216 personas en
cada mes— una ración de 67 g/persona/día (en bruto), frente a las
recomendaciones mínimas de 100 g/persona/día (en peso neto). La producción de
huevos, lácteos y verduras, fue casi cero. Como se señaló, la disponibilidad
de proteínas y de hierro es de bajo valor biológico al provenir de fuentes
vegetales. La disponibilidad de grasas es muy baja (3 toneladas) y sugiere un
pobre aporte de ácidos grasos esenciales y de otros nutrientes liposolubles.
En medio de las carencias vale destacar el hallazgo de que la
lactancia materna se practica en el 56% de los niños de 0 a 24 meses, lo cual
evita un mayor deterioro nutricional. De los 10 niños en este grupo de edad
cuyo estado nutricional fue evaluado, el 30% mostró riesgo de desnutrición
aguda.
Un elemento importante en la economía de estos agricultores
es la práctica cotidiana y con alta valoración social del trabajo
interfamiliar solidario y la consiguiente repartición por méritos de los
productos obtenidos. Esta característica y la familia extensa que predomina
entre ellos contribuyen en forma valiosa a evitar un mayor deterioro económico
y nutricional. Las redes de apoyo para la SAN* permiten a las familias en
épocas de escasez incrementar su disponibilidad alimentaria. Una situación que
agrava la debilidad del sistema alimentario en El Valle es la ausencia de
servicios públicos domiciliarios de calidad y de suministro estable, situación
que es común en las poblaciones colombianas donde la malaria es endémica. Hace
apenas unos siete años se inició el suministro de energía eléctrica,
limitado a la zona urbana, el cual se suspende por largos períodos. Este hecho
reduce la posibilidad de conservar alimentos en forma adecuada a mediano plazo.
Por otra parte, el agua no satisface los requisitos mínimos para ser potable,
la carencia de sistemas de eliminación de excretas es la regla tanto rural como
urbana y eso mismo sucede con la recolección y disposición de basuras. Las
razones político-económicas (débil papel del Estado en materia de agricultura
y alimentos, así como de desarrollo humano y material en áreas rurales, entre
otras) e ideológico-culturales (carencia de valor social de ciertos alimentos
como carne de gallina, la actitud pasiva y mendicante frente al Estado, entre
otros) hacen que quienes reciben formación en técnicas agropecuarias no tengan
opciones de empleo, no las apliquen en sus propios predios y viviendas y no
intenten generar alternativas económicas autosostenibles.
Los habitantes del corregimiento El Valle tienen un
compromiso grande del estado nutricional evaluado por antropometría,
especialmente el grupo menor de cinco años, quienes presentan un retraso en
peso y talla para la edad del 69% y un bajo P/T de 31%; la proporción de
individuos en riesgo de desnutrición es superior a la informada para la zona
Pacífica Colombiana en 1995 (29). A pesar de las cifras de desnutrición
halladas, no se encontró asociación entre el estado nutricional y la
inseguridad alimentaria (29%), esto se debe en parte a que el criterio para
definir seguridad alimentaria fue la disponibilidad familiar del 110% o más de
las necesidades energéticas, bajo el supuesto de que con ésta hay una alta
posibilidad de cubrir el aporte dietético de la mayoría de los nutrientes, lo
cual es cierto cuando las calorías provienen de una amplia variedad de
alimentos, no observada en esta población, donde la base de la alimentación
son cereales, tubérculos y plátanos, en tanto que los alimentos de origen
animal sólo contribuyeron con el 4% del total producido, esto hace que las
proteínas y el hierro sean de baja biodisponibilidad y la disponibilidad de Ca
y vitamina A sean inferiores al 50% del requerimiento. Es de esperar que otros
nutrientes como el cinc que proviene de fuentes animales también estén bajos.
Estos nutrientes se requieren para el óptimo crecimiento y
explicaría por qué los escolares y adolescentes son los grupos poblacionales más
afectados. Otro factor que explicaría el alto compromiso nutricional son las
condiciones higiénico-sanitarias de la región las cuales sugieren un
deficiente aprovechamiento biológico de los nutrientes pues favorecen la
presencia de enfermedades infecciosas como las parasitosis intestinales, las
infecciones respiratorias, entre otras, de alta prevalencia en la zona y
corroboradas con la encuesta de morbilidad realizada. No se realizó evaluación
bioquímica del estado nutricional de micronutrientes, sin embargo es posible,
de acuerdo al déficit hallado, predecir la deficiencia subclínica de estos.
Los hallazgos de tipo nutricional representan un riesgo
importante para la enfermedad malárica, sobre todo en un espacio de riesgo para
la presentación de la enfermedad, pues la desnutrición se encuentra acompañada
de deficiencias en varios nutrientes, determinantes de la defensa antioxidante y
de la función inmune (4). Hay evidencia del papel modulador de las proteínas,
la vitamina A y el hierro, en los mecanismos de respuesta inmune innata y
adaptativa (30-32). Algunos estudios sugieren que en malnutrición hay una
reducción en la producción de células polimorfonucleares, macrófagos,
anticuerpos y una depleción de la actividad citotóxica de las NK, lo que
reduce la respuesta inflamatoria y la resistencia del hospedero frente al parásito
(33). Varios reportes indican que la vitamina A puede cumplir un papel
potenciador en la resistencia a la malaria y que su deficiencia puede hacer al
individuo susceptible la infección (34-36).
En la actualidad no hay dudas acerca del papel determinante
que la organización socioeconómica, el desarrollo económico y la justicia
social ejercen sobre la conformación de los perfiles de bienestar, salud,
enfermedad y muerte (37,38), por otra parte, hay estrecha relación entre la
desnutrición y las infecciones (39). En las poblaciones donde la malaria es endémica,
ella generalmente coexiste con la desnutrición (40) y una y otra son debidas
principalmente al atraso económico y a la injusticia social, manifestada en la
no equitativa participación de los habitantes en la riqueza social, fenómeno
que es conocido. El déficit nutricional, así como los reiterados ataques de
paludismo y la alta frecuencia de procesos infecciosos, constituyen un sistema
de factores causales interactuantes entre sí y con otros procesos naturales y
sociales configuran el espacio de riesgo malárico de naturaleza biosocial.
Creemos que es urgente la intervención en esta comunidad con
el fin de resolver o, al menos, mitigar problemas graves. Los costos financieros
de tales acciones son bajos y los beneficios sociales son inmensos. Es el Estado
colombiano, en sus distintos niveles, el llamado a esta intervención. Problemas
como la deficiencia de calcio puede resolverse con el suministro de leche en
polvo; la promoción del consumo de alimentos fuentes de vitamina A o la
preservación de frutas de producción estacional fuentes de este nutriente podrían
prevenir la deficiencia de esta vitamina. La construcción de un acueducto en la
zona y la asesoría técnica y el apoyo financiero para proteger fuentes hídricas
y construir pequeños sistemas de captación y conducción de agua para las
viviendas rurales es una opción viable a corto plazo. Algo similar es necesario
en cuanto a letrinas de hoyo seco o pozos sépticos para la zona rural y un
sistema más elaborado y de mayor costo, pero posible de asumir, que se requiere
en la parte urbana. Urge la asistencia de toda índole (créditos, semillas,
herramientas, técnicas agropecuarias, educación nutricional, entre otros
elementos) para promover la diversificación agrícola, la cría de especies
menores y peces, las huertas domiciliarias y las plantaciones pequeñas con
alimentos fuentes de vitamina A y C. La Constitución Política y los
compromisos internacionales del Estado colombiano lo obligan a garantizar de
inmediato la asistencia sanitaria en asuntos como el diagnóstico y tratamiento
de la malaria.
Al finalizar la investigación se hizo una reunión con las
familias participantes y se les entregó un documento con conclusiones y
recomendaciones, se entregó copia a las autoridades político-administrativas y
sanitarias de El Valle y de Bahía Solano, así como a los consejos comunitarios
de El Valle.
La justificación ética y social de estas recomendaciones es
contundente: el bienestar de las personas no tiene discusión. Todo el accionar
de la sociedad debe encaminarse a procurar mejorar cada día ese bienestar y ese
todo incluye la actividad económica. Es la economía la que debe ponerse al
servicio de la humanidad y no esta al servicio de aquella. Ya Franco hizo una
pregunta crítica en su libro "El paludismo en América Latina"
(41):"¿Cuánto cuesta la malaria?, la respuesta es absolutamente relativa.
Depende de quién hace la pregunta, cuándo la hace, a quién la hace y cómo la
hace (...). El análisis de costo/beneficio penetró también el campo de los
malariólogos (...). Este listado histórico de las respuestas a la misma
pregunta pone de manifiesto varios aspectos (...). En todos ellos (...) hay dos
conceptos básicos: la salud es esencialmente capacidad y disposición para el
trabajo y, por tanto, la determinación del costo de la salud se hace posible
por la conversión del hombre en un valor de cambio. Están aquí los
componentes básicos de la interpretación de la salud en el modo de producción
capitalista: hombre-trabajo-valor (...). Es la anterior cuantificación, nacida
de tal conversión, la que está detrás de los cálculos que permiten dar
respuesta a una pregunta que estrictamente no la tiene (...)" (41).
AGRADECIMIENTOS
A la comunidad de la cuenca del río Valle; a la Universidad de Antioquia
por su aporte financiero, académico y administrativo; a la Fundación Natura;
al personal del "Hospital Julio Figueroa", de Bahía Solano, y al
personal del puesto de salud de El Valle; a Marta Cecilia Álvarez y Rosa
Uscategui, profesoras de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad
de Antioquia.
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Recibido: 05/04/2002 Aceptado: 01/08/2003
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