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Artículos Generales
Frutos secos y riesgo cardio y cerebrovascular. Una perspectiva española
Meritxell Nus1, Mar Ruperto2, y Francisco J. Sánchez-Muniz1 Facultad de Farmacia. Universidad Complutense de Madrid. Madrid (España)1 - Hospital Ramón y Cajal. Madrid (España)2.
|
RESUMEN Frutos secos y riesgo cardio y cerebrovascular. Una perspectiva española Los frutos secos han formado parte de la alimentación del hombre desde tiempo inmemorial, siendo muy apreciados e incorporándose a multitud de platos, preferentemente dulces y postres. Sin embargo el interés por este tipo de alimentos se ha incrementado de forma espectacular en las últimas décadas. Así numerosos estudios epidemiológicos han demostrado los efectos protectores del consumo de frutos secos disminuyendo el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares en distintos grupos de personas. Hasta el momento se han realizado ensayos clínicos con todos los tipos de frutos secos (almendras, nueces, pistachos, nueces de Macadamia, cacahuetes) que han producido un efecto positivo en el perfil lipoproteico, disminuyendo el colesterol total y las lipoproteínas de baja densidad (LDL) en plasma. No obstante, aún no ha sido demostrado si estos efectos se deben únicamente a su contenido y composición en ácidos grasos o a otros componentes minoritarios de los frutos secos como tocoferoles, fitosteroles y fitoestrógenos. Además las investigaciones que relacionan enfermedades cerebrovasculares y consumo de nueces son escasas. En este trabajo se revisan aspectos comparativos de la composición de los frutos secos, así como los posibles efectos de su consumo sobre peso corporal, metabolismo lipoproteico y protección frente a enfermedades cerebro y cardiovasculares. Teniendo en cuenta estos estudios, se recomienda la inclusión de 25 g/día de frutos secos, en el marco de una dieta prudente. Se proponen algunas líneas futuras de actuación en el estudio de los frutos secos.
Palabras clave: Frutos secos, lípidos, lipoproteínas, ácidos grasos y enfermedades cardiovasculares, peso corporal.
SUMMARY Nuts, cardio and cerebrovascular risks. A Spanish perspective Nuts have been included in human diets for ages. They are very appreciated and used as a central component of sweets and desserts. However, during the last decades, scientific interest in those foods has increased enormously as many epidemiologic studies show protective effects of nut consumption on coronary heart disease in different population groups. To date, many clinical trials have analyzed the positive effects of nuts consumption (almond, walnut, pistachio, Macadamia nut, and pecan) on the lipid profile, decreasing total and low density lipoproteins (LDL) cholesterol. However, whether these effects are only due to their fatty acid composition or to any other bioactive compounds, such as tocopherols, phytosterols and phytoestrogens, it is still unknown. This paper, aims to reviewcomparative composition aspects of nuts, such as the positive effects on body weight, lipoprotein metabolism, and protection against cardiovascular and cerebrovascular diseases. The inclusion of 25 g/day of nuts, mainly raw, into a prudent diet seems to be recommended. Further investigations, as actual information is still scarce, in order to dilucidate the relationship between nuts consumption and vascular diseases are proposed.
Key words: Nuts, lipids, lipoproteins, fatty acids, cardiovascular disease, stroke, and body weight.
INTRODUCCION
Las enfermedades del aparato circulatorio son la primera causa de muerte en
los países desarrollados ya que constituyen casi el 40% del total de
defunciones. El conjunto de la enfermedad isquémica y la enfermedad
cerebrovascular alcanza aproximadamente el 60% de la mortalidad vascular total
(1). Desde los años setenta, mayoritariamente causado por el envejecimiento de
la población, se ha incrementado el número de muertes por cardiopatía isquémica.
Por lo tanto, el impacto demográfico, sanitario y social de dichas enfermedades
es previsible se eleve en las próximas décadas.
Entre los principales factores de riesgo cardiovascular que
determinan este tipo de patología se encuentra la colesterolemia elevada (2).
La prevalencia de hipercolesterolemia en la población de los países
desarrollados es elevada. En España (1), el 18,6% de los hombres y el 17,6% de
las mujeres entre 35 y 64 años de edad presenta una colesterolemia ³
250 mg/dL (³ 6,5 mmol/L), mientras que el 56,7% de
los hombres y el 58,6% de las mujeres tienen unas cifras ³
200 mg/dL (³ 5,2 mmol/L).
Numerosos estudios confirman el papel predictor y la relación
causal entre colesterolemia y cardiopatía coronaria, por lo que se ha postulado
que una disminución de los niveles séricos de colesterol produce una disminución
de la incidencia y la prevalencia de la muerte por cardiopatía isquémica y
enfermedad cardiovascular. Multitud de estudios sugieren el papel
hipercolesterolemiante de la grasa dietética y en particular de la conjunción
de grasa saturada y colesterol (3). Por ello, la modificación de la dieta,
especialmente en lo referente a su contenido en ácidos grasos saturados (AGS) y
colesterol ha sido propuesta como aspecto clave para la prevención y
tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. No obstante, informes
recientes (3) señalan que la modificación de los hábitos dietéticos y la
inclusión de pescado graso, frutos secos y proteína de soja ejercen también
efectos beneficiosos sobre la enfermedad arterial, debido entre otros aspectos
al efecto positivo que producen sobre el perfil lipoproteico.
El propósito de este trabajo es revisar la relación entre
el consumo frecuente de frutos secos y algunos factores de riesgo de padecer la
enfermedad cardiovascular y cerebrovascular. Se presentan algunos datos
referentes a su composición, valor nutritivo y efectos sobre el peso corporal,
perfil lipoproteico y riesgo vascular. Al final de ésta revisión se señalan
algunos aspectos que requieren futuros estudios.
Frutos secos, componentes y efectos relevantes de los mismos
El Código Alimentario Español (4) define a los frutos secos como aquellos
frutos cuya parte comestible posee en su composición menos de un 50% de agua.
Dentro de ellos los de mayor consumo en España se presentan en la Tabla 1. Se
ha incluido a las castañas frescas ya que su contenido en agua es ligeramente
menor que el 50%.
TABLA 1
Clasificación botánica de los frutos secos de mayor consumo
|
|
Fruto seco
|
Especie
|
Género
|
Familia
|
|
|
Almendra
|
Prunus amygdalus
|
Prunoideae
|
Rosaceae
|
|
Avellana
|
Corylus avellana
|
Corylus
|
Corylaceae
|
|
Cacahuete
|
Arachis hipogaea
|
Arachis
|
Fabaceae
|
|
Nueces
|
Juglans regia
|
Juglans
|
Juglandaceae
|
|
Pepitas de girasol
|
Helianthus anuus
|
Helianthus
|
Asteroideae
|
|
Castaña
|
Castanea sativa
|
Castanea
|
Castannaceae
|
|
Pistacho
|
Pistacea vera
|
Anacardia
|
Anacardiaceae
|
|
Entre los factores que podrían favorecer su consumo están
la variedad, la versatilidad, la fácil y larga conservación, la escasa
probabilidad de originar problemas de higiene alimentaria, la facilidad para
conocer su buen o mal estado a través de sus características organolépticas,
su efecto saciante (de especial utilidad en dietas de adelgazamiento) y su alto
contenido en energía, minerales y vitaminas de interés en regímenes
especiales como los vegetarianos.
La forma de consumo de los frutos secos, tostados o no, es
otro factor a tener en cuenta. La cocción o el procesado a temperaturas
elevadas mantiene el contenido de los ácidos grasos, aunque hay pérdidas de
minerales (p.e. del 10 - 15% en fósforo y cinc); de algunas vitaminas
particularmente de las más termosensibles (p.e. el ácido fólico y la vitamina
C) produciéndose pérdidas de hasta un 20% en algunas de ellas (5, 6); y de la
biodisponibilidad de algunas sustancias fitobioquímicas, de manera que sus
beneficios quedan reducidos. Por este motivo, los frutos secos, sólo si son
consumidos de forma cruda llegan a ser una fuente importante de fitobioquímicos
(7).
La forma de consumo más habitual y popular de los
frutos secos es en forma de aperitivo, aunque no debemos olvidar que se consumen
de forma amplia formando parte de postres y repostería (turrones, helados,
almendrados, etc). El consumo en crudo, salvo de las nueces y de los piñones,
no es una práctica habitual (6). Esto implica el suministro de los frutos secos
pelados y tostados o fritos y generalmente salados, lo que supone un problema
para aquellos individuos que deben seguir regímenes especiales en los que debe
limitarse la ingesta de sal. Como es fácilmente deducible, el proceso de
fritura modifica sensiblemente la composición de los frutos secos, dependiendo
su composición final en ácidos grasos del tipo de aceite utilizado, ya que en
fritura se produce un intercambio graso entre el aceite de la sartén o la
freidora y el alimento que se fríe (8). Este aspecto no es tenido en cuenta en
muchos estudios de intervención y epidemiológicos, por lo que pensamos debe
ponerse especial interés en su análisis e incorporación de los datos
obtenidos a tablas de composición de alimentos donde normalmente figura la
composición en crudo y no del alimento procesado.
Recientemente se están incluyendo en alimentos de consumo
frecuente a fin de obtener alimentos funcionales. Nuestro grupo investiga
actualmente los efectos del consumo de 4 filetes con pasta de nuez añadida/semana
a corto y medio plazo sobre el metabolismo lipoproteico, agregación plaquetaria
y trombogénesis. Los resultados de este proyecto titulado "Efectos a corto
y medio plazo de un producto cárnico funcional sobre el metabolismo
lipoproteico" están aún en fase de análisis estadístico, pero puede
entreverse que el cárnico funcional induce efectos prometedores (documento no
publicado).
Aunque los frutos secos pertenecen a diferentes familias y géneros
botánicos (Tabla 1), sin embargo su composición proximal en agua,
macronutrientes y fibra es bastante similar (Tabla 2). La característica más
notable es su elevado contenido energético (Tabla 2). Especialmente relevante
es su contenido lipídico que supone entre el 44% en los pistachos y más del
70% en los cacahuetes (a excepción de la castaña en la que es sólo del 2,3%).
Respecto al perfil de ácidos grasos (Tabla 3) es importante resaltar su elevado
contenido en ácidos grasos monoinsaturados (AGM) (p.e. oleico) y ácidos grasos
poliinsaturados (AGP) (p.e. linoleico), además del de a
-linolénico de las nueces. La suma de AGM y AGP constituye aproximadamente un
90% del total de ácidos grasos. Los AGS tan sólo constituyen un 7% del total
de los ácidos grasos, siendo el ácido esteárico el más abundante, el cual se
ha definido con escaso efecto sobre el colesterol total dada su fácil
transformación en ácido oleico (9).
TABLA 2
Composición en agua, macronutrientes y fibra de los frutos secos
|
Fruto
seco
|
Energía
(kcal)
|
Agua
(g)
|
Proteínas*
(g)
|
Hidratos de
carbono disponibles
(g)
|
Almidón
(g)
|
Monosacáridos + Disacáridos
(g)
|
Lípidos
(g)
|
Fibra total
(g)
|
|
|
Almendras
|
578
|
5,25
|
21,26
|
5,53
|
0,73
|
4,8
|
50,60
|
11,8
|
|
Avellanas
|
628
|
5,31
|
14,95
|
4,82
|
0,48
|
4,34
|
60,75
|
9,70
|
|
Nueces
|
654
|
4,07
|
15,23
|
2,67
|
0,06
|
2,61
|
65,21
|
6,70
|
|
Cacahuetes
|
691
|
3,52
|
9,17
|
4,43
|
0,46
|
3,97
|
71,97
|
9,60
|
|
Nuez de Brasil
|
656
|
3,48
|
14,32**
|
2,58
|
0,25
|
2,33
|
66,43
|
7,50
|
|
Pistachos
|
557
|
3,97
|
20,61
|
9,31
|
1,67
|
7,64
|
44,44
|
10,30
|
|
Castañas frescas
|
231
|
48,65
|
2,42
|
37,41
|
Nd
|
Nd
|
2,26
|
8,10
|
|
|
Nd: no disponible. *(N x 5,3) **(N
x 5,46). Resultados por 100 gramos de porción comestible. Adaptado de
Tablas USDA de composición de alimentos (13).
|
TABLA 3
Contenido de ácidos grasos de los frutos secos
|
|
Fruto seco
|
Cáprico (g)
|
Laúrico (g)
|
Mirístico (g)
|
Palmítico (g)
|
Esteárico (g)
|
Oleico (g)
|
Linoleico (g)
|
a -Linolénico
(g)
|
|
|
Almendras
|
Tr
|
Tr
|
0,05
|
3,30
|
0,90
|
36,50
|
9,90
|
0,26
|
|
Avellanas
|
Tr
|
Tr
|
0,15
|
3,00
|
1,10
|
47,40
|
6,30
|
0,15
|
|
Nueces
|
Tr
|
Tr
|
0,69
|
4,40
|
1,30
|
9,60
|
34,10
|
6,80
|
|
Nueces de Macadamia
|
Tr
|
Tr
|
Tr
|
5,70
|
1,90
|
43,10
|
1,30
|
Tr
|
|
Cacahuetes
|
Tr
|
Tr
|
Tr
|
5,10
|
1,30
|
22,10
|
13,90
|
0,53
|
|
Pistachos
|
Tr
|
0,05
|
0,10
|
6,00
|
0,68
|
34,60
|
6,50
|
0,27
|
|
| Resultados
por 100 gramos de porción comestible. Tr = Trazas. Adaptado de Souci
y col (66).
|
Además los frutos secos en general presentan un elevado
contenido de proteína de alta calidad (Tablas 2 y 4). En la Tabla 4 observamos
que excepto en el caso de la lisina que sería el aminoácido limitante para
nueces, y cacahuetes, y el de lisina y metionina + cistina en las almendras, el
aporte de los otros aminoácidos esenciales es muy aceptable ya que cubre por
encima del 75% del score. Dicho score define la cantidad de aminoácido
esencial / kg de proteína necesario para garantizar un correcto crecimiento en
niños de edad escolar (10). Además de los aminoácidos esenciales los frutos
secos presentan interesantes cantidades de arginina, que desempeña un papel
importante en los efectos cardiovasculares beneficiosos asignados a los frutos
secos. La relación lisina/arginina (Tabla 5) es inferior a 1, incluso menor que
la de la soja, lo que se traduce como una proteína con efecto
hipocolesterolemiante (11). La arginina (12) es además precursora del óxido nítrico,
potente vasodilatador endógeno, de actividad similar a la nitroglicerina que
induce la relajación del músculo liso por activación de la guanilato ciclasa,
que a su vez eleva los niveles intracelulares de GMP cíclico. Estudios llevados
a cabo en conejos hipercolesterolémicos, muestran el efecto beneficioso de la
suplementación intravenosa con L-arginina, precursor del óxido nítrico,
reduciendo significativamente el espesor de la íntima, retardando la aterogénesis
sin modificar el colesterol sérico (12).
TABLA 4
Composición y calidad de aminoácidos en algunos frutos secos.
Comparación con
el "score aminoacídico"
|
| Adaptado de FAO/WHO (10) y
Tablas USDA de composición de alimentos (13). *g kg-1 de parte
comestible **g kg-1 de proteína. |
TABLA 5
Cociente lisina /arginina de los frutos secos y otros alimentos
|
|
|
Lisina
|
Arginina
|
Lisina/Arginina
|
|
|
Nuez
|
0,4
|
2,3
|
0,19
|
|
Almendra
|
0,6
|
2,5
|
0,24
|
|
Cacahuete
|
0,9
|
3,1
|
0,30
|
|
Avellana
|
0,4
|
2,2
|
0,19
|
|
Pistacho
|
1,1
|
2,02
|
0,57
|
|
Soja
|
6,2
|
7,7
|
0,81
|
|
Pescado
|
9,1
|
6,6
|
1,38
|
|
Caseína
|
7,1
|
3,7
|
1,92
|
|
|
Adaptado de Vázquez y Sánchez-Muniz (11)
y Tablas USDA de composición de alimentos (13).
|
Respecto a los hidratos de carbono, a excepción de la castaña
fresca en la que su contribución energética constituye más del 60% del total,
el contenido de este macronutriente es bastante bajo (<10 g/100 g parte
comestible). Los hidratos de carbono disponible son en su mayoría monosacáridos
y disacáridos (Tabla 2) (5,13).
El porcentaje de fibra es diferente según el tipo de fruto
seco. Las nueces americanas como las de Macadamia y la de California contienen
menor porcentaje de fibra y ésta se encuentra además en menor proporción que
en las nueces europeas. La fibra insoluble es mayoritaria (3,7-8,6 g/100 g)
frente a la soluble (0,1-0,2 g/100 g) y comparativamente superior a la de frutas
y verduras frescas (5). Este contenido en fibra proporciona a los frutos secos
por un lado, propiedades estimulantes y favorecedoras del tránsito
gastrointestinal y, por otro, un potente efecto saciante. Además no deben
olvidarse los efectos positivos atribuidos a la fibra dietética sobre el
metabolismo de colesterol (5)
Su contenido en micronutrientes es también relevante. Los
principales minerales que contienen son magnesio, potasio, calcio, selenio,
cobre y cinc (14), los cuales desempeñan acciones interesantes al participar a
través de distintos mecanismos en el desarrollo y mantenimiento del esqueleto,
del sistema nervioso y del sistema cardiovascular (15). Diversos estudios han
establecido una relación directa entre el cociente Zn/Cu y la incidencia de
enfermedad cardiovascular (15). A causa de las dificultades de establecer la
ingesta recomendada de cobre, la National Research Council sugiere como
correcto el intervalo en adultos de 1,5-3 mg/día (14). Es destacable la riqueza
en selenio, fundamentalmente en las nueces, dicho mineral presenta con acción
sinérgica antioxidante con la vitamina E (16), lo cual es muy positivo bajo el
punto de vista de enfermedad cardiovascular. La pobreza en sodio es interesante
sobre todo en dietas en las que debe restringirse su ingesta. No obstante, como
hemos comentado, esta propiedad se pierde debido a que en su procesado se
incorporan importantes cantidades de sal.
El aporte vitamínico (Tabla 6) también es de gran interés.
En algunos estudios dietéticos como el Dietary Approaches to Stop
Hypertension (DASH)-sodium trial (17) se ha visto que los frutos secos son
una de las fuentes de vitamina E más importantes de la dieta, especialmente las
almendras y avellanas que aportan más de 20 mg/100 g de producto, siendo las
recomendaciones de esta vitamina de 10 mg/día. De los efectos antioxidantes y
positivos en la prevención de las alteraciones vasculares de la vitamina E
existe una gran evidencia científica (18,19). El consumo de 100 g de nueces
proporciona aproximadamente el 16% de las cantidades recomendadas de ácido fólico,
siendo éste especialmente abundante en los cacahuetes. Una ingesta correcta de
ácido fólico es muy importante para mantener niveles plasmáticos adecuados de
homocisteína, cuya concentración elevada ha sido relacionada con un aumento en
el riesgo de padecer accidentes cardiovasculares en numerosos y recientes
estudios (20).
TABLA 6
Composición en vitaminas de los frutos secos
|
|
|
Cacahuete
|
Avellana
|
Almendra
|
Nueces de
macadamia
|
Nuez
|
Pistacho
|
|
|
Equivalentes de retinol (ng)
|
333,3
|
4,8
|
20
|
Nd
|
8
|
25
|
|
Carotenoides totales (m
g)
|
2
|
29
|
120
|
Nd
|
48
|
150
|
|
b - carotenos (m
g)
|
2
|
29
|
120
|
Nd
|
48
|
150
|
|
Vitamina E (mg)
|
11
|
26,3
|
26,1
|
Nd
|
6
|
5,2
|
|
Tocoferoles totales (mg)
|
18,7
|
28
|
27,2
|
Nd
|
43,5
|
5,2
|
|
a - tocoferol (mg)
|
10
|
26,1
|
25,89
|
Nd
|
1,9
|
5,2
|
|
b - tocoferol (m
g)
|
270
|
Nd
|
163
|
Nd
|
Nd
|
Nd
|
|
g - tocoferol (m
g)
|
8,3
|
9
|
873
|
Nd
|
41,4
|
Nd
|
|
d - tocoferol (m
g)
|
170
|
Nd
|
20
|
Nd
|
200
|
Nd
|
|
Vitamina B1 (m
g)
|
900
|
390
|
220
|
280
|
340
|
690
|
|
Vitamina B2 (m
g)
|
155
|
210
|
620
|
120
|
120
|
200
|
|
Nicotinamida (mg)
|
15,3
|
1,4
|
4,2
|
1,5
|
1
|
1,5
|
|
Ácido pantoténico (mg)
|
2,70
|
1,15
|
580
|
Nd
|
820
|
Nd
|
|
Vitamina B6 (mg)
|
440
|
313
|
155
|
Nd
|
870
|
Nd
|
|
Biotina (m
g)
|
34
|
Nd
|
Nd
|
Nd
|
Nd
|
Nd
|
|
Ácido fólico (m
g)
|
169
|
71
|
43
|
Nd
|
77
|
58
|
|
Vitamina C (m
g)
|
Nd
|
3
|
Nd
|
Nd
|
2,6
|
7
|
|
|
Nd: cantidad no detectable. Tabla adaptada
de Souci y col. (66).
|
Por otro lado, es necesario resaltar su elevado contenido en
polifenoles en general, que incluye quercetina, catequina, resveratrol, ácido
elágico, kaempferol, rutina, ácido fítico y ácidos tánicos, que han
demostrado tener propiedades quelantes y por tanto ser capaces de atrapar
radicales libres previniendo el estrés oxidativo (21). En diversos estudios
poblacionales se ha relacionado una vinculación, entre la ingesta de
polifenoles y riesgo de padecer enfermedad coronaria y cáncer. Hay estudios in
vitro, que demuestran que los polifenoles son efectivos inhibidores de la
oxidación de las lipoproteínas de baja densidad (LDL), por lo que debe ser
considerado cuando se evalúa su potencial antiaterogénico (22) y antimutagénico
(23). No obstante, la contribución de los polifenoles a la protección
cardiovascular es de momento poco conocida por lo que constituye un campo de
investigación muy abierto y prometedor (21). Con respecto a la quercetina cabe
señalar que es el flavonoide más abundante en la dieta. Hay evidencia
epidemiológica de su efecto protector cardiovascular en cantidades comprendidas
entre 16 y 24 mg/día. Inhibe la agregación plaquetaria al reducir la síntesis
del tromboxano. Otros estudios encuentran que no se puede concluir que ejerzan
un efecto beneficioso sobre los lípidos plasmáticos y lipoproteínas, tampoco
sobre la agregación plaquetaria, la producción de tromboxano B2 o
la presión sanguínea (7). Sin embargo, el ácido fítico actúa como quelante
de determinados minerales como calcio, magnesio, hierro, cinc y cobre
decreciendo la biodisponibilidad de éstos, efecto que puede tener relevancia en
vegetarianos estrictos (22).
Los fitosteroles también están presentes en los frutos
secos, particularmente el b -sitosterol que debido a
su similar estructura química compite con el colesterol a nivel del intestino
delgado interaccionando con la acil-CoA: colesterol acil transferasa (ACAT) y
favoreciendo la eliminación fecal del colesterol (24, 25). Presenta distinta
concentración en cada fruto seco: pistachos (199 mg/100g), seguidos de
almendras (111mg/100g), avellanas (89 mg/100 g) y nueces (64 mg/100 g) (24, 25).
Otros esteroles que aparecen en menor cuantía son estigmasterol, campesterol y
avenasterol. Los fitosteroles en general, tienen efecto antioxidante (24) y
efecto protector en el cáncer a través de diversos mecanismos incluyendo,
inhibición de la división celular, apoptosis de las células tumorales y
modificación de algunas de las hormonas que son esenciales para el crecimiento
tumoral.
Por último es importante resaltar la presencia de fitoestrógenos
en los frutos secos. Los fitoestrógenos se dividen en tres grupos desde un
punto de vista químico, las isoflavonas, los cumestanos y los lignanos que
muestran una actividad agonista estrogénica por interaccionar directamente con
los receptores estrogénicos (26). Los fitoestrógenos más abundantes y más
ampliamente estudiados son la genisteína y la daidzeína que pertenecen al
grupo de las isoflavonas y tienen efectos positivos sobre el perfil lipoproteico
al disminuir el colesterol total, el LDL colesterol y los triglicéridos tanto
en ratas como en humanos (26). Estos efectos se han observado empleando altas
concentraciones de dichas isoflavonas, pero si el contenido de los frutos secos
produciría los mismos efectos se desconoce hasta la fecha. Además en función
de la variedad de fruto seco empleado la cantidad de genisteína y daidzeína es
diferente (Tabla 7), siendo el cacahuete el que presenta mayor cantidad. Su
biodisponibilidad, absorción e interacciones potenciales con otros componentes
de la dieta resulta incierta hasta el momento (27).
TABLA 7
Contenido de algunos fitoestrógenos
en los frutos secos
|
|
|
Daidzeína
|
Genisteína
|
|
|
Castaña fresca
|
79
|
59
|
|
Avellana
|
58
|
194
|
|
Cacahuete
|
77
|
158
|
|
Almendras
|
Nd
|
Nd
|
|
Nueces
|
Nd
|
Nd
|
|
|
Resultados expresados en µg/kg de alimento
en seco. Nd: cantidad no detectable. Adaptado de Liggins y col. (26).
|
Frutos secos y peso corporal
Debido a la mayor morbilidad y mortalidad cardiovascular en el obeso, sobre
todo en aquellos con distribución de la grasa corporal preferentemente a nivel
visceral o abdominal, y a que en la actualidad, el sobrepeso y la obesidad
constituyen un importante problema de salud pública en las sociedades
desarrolladas, nos ha parecido importante revisar la influencia sugerida en
algunos estudios de los frutos secos sobre el control del peso corporal. Como es
conocido, en la obesidad tiene lugar la instauración de una resistencia a la
insulina incrementada que conduce a una modificación importante en el perfil
lipoproteico, con incremento de las lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL),
LDL pequeñas y densas y disminución de las HDL (28).
Los frutos secos, alimentos integrantes de la dieta
tradicional mediterránea, han disminuido en parte su consumo ante la falsa
creencia de que, debido a su densidad energética, aumentan el peso corporal
cuando forman parte de la alimentación convencional. No obstante, en los
estudios epidemiológicos observacionales realizados hasta el momento no se ha
encontrado una correlación positiva entre aumento de peso corporal y consumo de
frutos secos.
Para explicar la falta de influencia que ejercen los frutos
secos sobre el peso corporal se han barajado varias hipótesis. Así, podría
existir (i) una absorción incompleta de la energía procedente de los frutos
secos debido a su aporte de fibra que reduce la absorción de grasas a nivel
intestinal, (ii) un aumento potencial de la sensación de saciedad, (iii) una
disminución de la ingesta de otros alimentos (que compensaría el exceso energético
de la dieta a partir de los frutos secos), (iv) un mayor gasto energético por
parte de los voluntarios durante el período de estudio, (v) podría tratarse de
una simple relación causal, (vi) los individuos obesos podrían tener tendencia
a evitar los frutos secos de forma que en los estudios epidemiológicos se
observaría un menor consumo en este grupo de población y por el contrario se
observaría un mayor consumo en los individuos normopeso.
En el Adventist Health Study (29) y en el Nurses
Health Study (30), se halló una relación inversa entre consumo de frutos
secos y el índice de masa corporal. En estudios controlados de intervención
dietética en pacientes con peso normal tampoco se ha demostrado una ganancia de
peso significativa cuando se incluyen frutos secos en dietas normocalóricas.
Uno de los aspectos más destacable es cuando los frutos
secos se adicionan a la dieta en forma de aperitivo o de postres pues, a pesar
de incrementar el contenido de energía respecto a la ingesta habitual, no
modifica el peso de los participantes (31-33). Si los frutos secos reemplazan a
fuentes alimentarias ricas en grasa, el aporte energético total se mantiene
estable y reduce el riesgo de exceso ponderal a expensas hipotéticamente del
aporte energético, pues un gramo de frutos secos aporta unas 6 kcal (34, 35).
Por otra parte, para la pérdida de peso se ha recomendado la
utilización de dietas hipocalóricas muy pobres en grasa (p.e. <30% del
total de la energía), y aunque este cambio dietético puede producir pérdida
de peso y mejorar el perfil lipoproteico, creemos que esto representa pérdidas
en la palatabilidad y aceptabilidad de las dietas, dificultando su seguimiento
durante períodos prolongados. En este contexto nace el interés por definir
dietas para garantizar pérdidas de peso corporal sostenibles que permitan un
alto grado de adherencia a largo plazo. Para ratificar estas suposiciones,
disponemos de datos recientes obtenidos en un estudio realizado con pacientes
afectos de sobrepeso y obesidad. En 101 hombres y mujeres se compararon los
efectos de una dieta pobre en grasa (<20% del aporte energético total) con
los de una dieta con una cantidad moderada de grasa (35% del aporte energético
total) donde un 20% de la energía era aportada por los AGM, procedentes de
frutos secos y el resto por aceite de oliva. A los 6 meses de seguimiento, la pérdida
de peso fue similar en ambos grupos. Sin embargo, en el grupo de la dieta con
aporte moderado en grasa se observó a los 18 meses una pérdida media de peso
por individuo de 4,1 kg, mientras que el grupo con la dieta pobre en grasa se
produjo un aumento en el peso de 2,9 kg. Por tanto, se deduce que el efecto de
ambos tipos de dieta sobre la reducción de peso fue diferente y parece mucho más
conveniente en el caso de incluir frutos secos (36).
Igualmente, este estudio aportó otro dato revelador en
relación con la participación de los individuos y el seguimiento de los planes
dietéticos programados. A los 18 meses del inicio del estudio tan sólo un 20%
de los participantes continuaban con la dieta pobre en grasa, mientras que un
54% de los componentes del grupo de la dieta moderada en grasa continuaban en el
estudio. Ante esta observación, y para valorar la adherencia a la dieta, se
planteó la continuación del estudio entre los participantes que consumían la
dieta moderada en grasa. En este grupo y a los 30 meses de inicio del estudio la
reducción de peso media por individuo fue de 3,5 kg (36). A raíz de los
resultados obtenidos, se podría afirmar que las dietas con un contenido
moderado en grasa conteniendo frutos secos consiguen pérdidas de peso efectivas
y mejoran la adhesión a la dieta.
Dada la complejidad de mecanismos tanto digestivos, metabólicos,
como conductuales implicados en la obesidad, creemos en la necesidad de
profundizar en el estudio de la composición y en la influencia que ejercen
algunos componentes minoritarios de los frutos secos sobre la homeostasis del
peso corporal.
Efectos de los frutos secos sobre el perfil lipoproteico y
riesgo cardiovascular
Los estudios epidemiológicos realizados hasta el momento, establecen una
correlación inversa entre el consumo de frutos secos y el riesgo coronario
(29-31,37). La explicación se basa, al menos en parte, en que estos alimentos
forman parte integral de la dieta mediterránea, tradicionalmente asociada a un
menor riesgo poblacional de enfermedades cardiovasculares. Si bien debe tenerse
en cuenta que hay muchos otros aspectos favorables en los hábitos alimentarios
de la dieta mediterránea (38).
El término dieta mediterránea expresa los hábitos
alimentarios típicos de la cuenca mediterránea donde se consume
tradicionalmente una dieta rica en AGM procedente de un alto consumo de aceite
de oliva, dentro del patrón denominado dieta mediterránea. (39). No obstante,
existen otros alimentos o grupos de alimentos que forman parte del patrón de
consumo de los países mediterráneos. Entre ellos se encuentran los frutos
secos, los cuales se incluyen en la dieta formando parte principalmente de
postres y dulces.
El gran interés suscitado por los frutos secos es debido, al
menos en parte, a los resultados obtenidos en diferentes estudios epidemiológicos.
Los efectos beneficiosos que se atribuyen a su consumo frecuente, se basan en el
descenso del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y en el aumento de
la esperanza de vida al disminuir el riesgo de sufrir este tipo de enfermedades
(36, 38-43).
El primer estudio realizado en este ámbito, The Adventist
Health Study, fue efectuado en el seno de la comunidad religiosa de los
Adventistas del Séptimo Día de California (29). Los individuos que ingerían
frutos secos 5 o más veces por semana tuvieron una reducción del 50% del
riesgo de enfermedad coronaria en comparación con los que nunca los consumían.
Posteriormente, en el estudio Iowa Women's Health en una cohorte de
mujeres posmenopáusicas sin factores de riesgo cardiovascular conocidos y
controladas durante 7 años, se observó que la ingesta de frutos secos y
semillas (cuatro veces por semana) se asociaba con una reducción del 40% del
riesgo de enfermedad coronaria si se comparaba con aquellas que nunca consumían
tales alimentos (31). El Nurses Health Study (30) realizado en 86.016
enfermeras, controladas durante 14 años, se evidenció una reducción del 35%
en el riesgo total de infarto de miocardio, una disminución del 39% en el
riesgo de los casos fatales y un descenso del 32% en el riesgo de infarto no
fatal en las participantes que tomaban frutos secos al menos 5 veces por semana
en comparación con aquellas que consumían frutos secos menos de una vez por
semana. Aunque estos resultados por sí mismos resultan sorprendentes, debe
indicarse que se observaron grandes diferencias en los hábitos alimentarios de
las consumidoras habituales de frutos secos. Así, estas últimas se
caracterizaban por tener un menor consumo de carnes, alcohol y ácidos grasos trans,
y mayor consumo de AGP y fibra respecto a aquellas que no consumían asiduamente
frutos secos. Resultados similares se obtuvieron en los estudios epidemiológicos,
en el Physicians Health Study (46) y en el Cholesterol and Recurrents
Events (CARE) Study (47) donde también el consumo habitual de nueces reducía
el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular, observándose además que la
disminución del riesgo era mayor cuanto mayor cantidad de nueces era consumida.
Por otra parte la sustitución isocalórica de AGS por AGM o
AGP, reduce el colesterol total y el transportado por las LDL (48-50). Este tipo
de intercambio de AGS por ácidos grasos insaturados se llevó a cabo en
estudios con nueces, que como se ha comentado en este artículo contienen
cantidades importantes de AGP (50-52), demostrando una reducción del colesterol
total y de LDL–colesterol entre el 10 y el 15%.
Se han realizado numerosos estudios clínicos con todos los
tipos de frutos secos. De ellos se resumen algunos resultados en la Tabla 8. A
pesar de su distinta composición en ácidos grasos (las almendras, nueces de
Macadamia, pistachos y cacahuetes son ricos en AGM; mientras que las nueces son
ricas en AGP n-3) apenas se han observado diferencias en sus efectos sobre el
perfil lipoproteico (53). En todos estos estudios se produjo disminución en el
suero del colesterol total y de las LDL entre un 5-15%, sin apenas variación en
HDL-colesterol (54). Debe resaltarse que en ningún estudio realizado hasta el
momento se ha detectado cambios significativos en los niveles de triglicéridos
(TG) (55), a excepción del estudio con nueces de Macadamia (56).
TABLA 8
Resumen de algunos estudios clínicos en los que se emplearon frutos secos
|
|
Autor Pacientes
|
Tratamiento estudio
|
Número
|
Tipo de
|
Resultados (%)
|
|
|
Almario y col. (57)
|
Nuez vs. dieta normocalórica
|
18
|
Aleatorio y secuencial
|
No significativos
|
|
Almario y col. (57)
|
Nuez vs. dieta hipocalórica
|
18
|
Aleatorio y secuencial
|
IDL: -4.3
LDLs: -12.7
|
|
Zambon y col. (58)
|
Nuez vs. dieta mediterránea
|
55
|
Cruzado y aleatorio
|
CT: -4.1
LDL:-5.9
Lp(a): -6.2
|
|
Abbey y col. (51)
|
Nuez vs. dieta pobre en grasa saturada
|
16
|
Suplementos consecutivos
|
LDL: -9
CT: -5
|
|
Abbey y col. (51)
|
Almendra vs. dieta pobre en grasa saturada
|
16
|
Suplementos consecutivos
|
LDL: -10
CT: -7
|
|
Spiller y col. (59)
|
Almendra vs. aceite de oliva
|
45
|
Cruzado y aleatorio
|
CT: -8.5
LDL: -13.6
|
|
Edwards y col. (55)
|
Pistacho vs. dieta americana
|
10
|
Cruzado y aleatorio
|
LDL: -11
HDL: +4
|
|
Curb y col. (56)
|
Nuez de Macadamia vs. dieta americana
|
30
|
Cruzado y aleatorio
|
CT: -4.9
LDL: -4.5
TG: -9.2
|
|
| CT:
colesterol total; HDL: lipoproteínas de alta densidad; IDL: lipoproteínas
de densidad intermedia; LDL: lipoproteínas de baja densidad; Lp(a):
lipoproteína (a); TG: triglicéridos.
|
Almario y col. (57) desarrollaron un estudio cuyo objetivo
era determinar los efectos del consumo de nueces sobre los ácidos grasos del
plasma, las lipoproteínas y las fracciones lipoproteicas en sujetos con
hiperlipidemia combinada. Para ello sometieron de manera secuencial a los
sujetos a cuatro dietas: una dieta normocalórica, una dieta normocalórica
suplementada con nueces, otra dieta pobre en grasa y otra dieta pobre en grasa
suplementada con nueces. Entre los resultados obtenidos, destacamos, que, a
pesar de tener una elevada concentración de ácido a
-linolénico, no se observó variación en la concentración plasmática de ácido
eicosapentaenoico, ni de ácido docosahexaenoico ni de TG en ninguna de las
dietas suplementadas con nueces. Por otro lado, ya que se trataba de pacientes
hipercolesterolémicos que cuidaban su dieta no se observó ninguna variación
en los niveles de LDL-colesterol ni de colesterol total tras la ingesta de la
dieta habitual suplementada con nueces respecto de la dieta habitual. Sin
embargo, tras la ingesta de la dieta baja en grasa suplementada con nueces se
observó una disminución de la concentración de las LDL, de las lipoproteínas
de densidad intermedia (IDL) y del colesterol total en plasma. Una de las
principales novedades de este estudio fue la afirmación de que la concentración
de HDL estaba regulada por la composición de la grasa y que la concentración
de la apolipoproteína (apo) AI por la cantidad de grasa, ya que en el período
con la dieta suplementada con nueces se observó una disminución de las HDL y
un aumento de la apo AI.
En el estudio de Zambon y col. (58) en el que participaron 15
pacientes, en los que se comparó el efecto sobre el perfil lipoproteico de una
dieta mediterránea pobre en AGS y rica en ácido oleico procedente del aceite
de oliva; con el de una dieta con un 35% de energía procedente de grasas, rica
en nueces, en la que las nueces suponían un 18% del total de la energía. Tras
la ingesta de la dieta rica en nueces respecto a la rica en ácido oleico se
obtuvieron los siguientes resultados: disminución del colesterol total y en
LDL; no modificación de las HDL, mejora del cociente LDL/HDL; disminución de
la apo B proporcional a la reducción de LDL y disminución de la lipoproteína
(a) [ Lp(a)] . Otros muchos estudios previos habían concluido que el consumo de
dietas ricas en AGM o en AGP tenía efectos positivos y muy similares sobre el
perfil lipoproteico. Sin embargo, en el estudio de Zambon y col. (58) se demostró
que el consumo de nueces ricas en AGP provocaba mayores beneficios sobre el
perfil lipoproteico que la dieta rica en AGM. Por otro lado, a pesar de que las
LDL tras la ingesta de la dieta rica en nueces tenían una alta composición en
AGP, no aumentó su susceptibilidad a la oxidación, como cabría esperar, lo
cual sugirió que las nueces debían contener componentes minoritarios que ejercían
efectos antioxidantes y por tanto cardioprotectores.
Abbey y col. (51) diseñaron un estudio en 16 pacientes en
los que querían observar los efectos por un lado, de una dieta suplementada con
nueces en comparación con una dieta también rica en AGP aportados por aceites,
margarinas, mantequilla y carne sobre el perfil lipoproteico, y por otro lado,
con una dieta pobre en AGS en comparación con la misma dieta rica en almendras,
lo que suponía un aumento en el aporte graso total ingerido. Se observó, en
contra de lo que cabría esperar, que tras la dieta rica en almendras no
aumentaba la concentración de ácido oleico en plasma, y esto fue debido a que
la ingesta de altas cantidades de ácido oleico inhibía su síntesis endógena.
Sin embargo, tras la dieta rica en nueces aparecía un incremento marcado en las
concentraciones plasmáticas de los ácidos linoleico, a
-linolénico y eicosapentaenoico. Tanto tras la dieta rica en nueces como en la
dieta rica en almendras, se observó una disminución del colesterol total y de
las LDL que se mantenía durante un largo período, no encontrándose efectos
sobre la concentración de HDL. La disminución del colesterol total fue mayor
en la dieta rica en almendras (0,36 mmol/L) que tras la dieta rica en nueces
(0,25 mmol/L).
Spiller y col. (59) compararon el efecto sobre el perfil
lipoproteico de una dieta rica en almendras, con una dieta rica en ácido oleico
y con una dieta rica en AGS. Observaron en plasma una disminución del 8,5% del
colesterol total y del 13.6% de las LDL tras la dieta rica en almendras, no
encontrándose efectos tras la dieta rica en ácido oleico. De este estudio se
concluyó que el efecto beneficioso de las almendras era independiente al del ácido
oleico y posiblemente relacionado con otros componentes minoritarios.
Edwards y col. (55) estudiaron en pacientes hipercolesterolémicos
moderados los efectos de la sustitución de un 20% de la grasa de la dieta por
pistachos. Después de tan sólo tres semanas los pacientes suplementados con
pistachos mostraban un descenso significativo del colesterol total y de los
cocientes de riesgo colesterol total/HDL y LDL/HDL. Según Kinosian y col. (40)
estos cocientes tienen un mayor valor predictivo para el desarrollo de una
enfermedad vascular que los niveles de colesterol total o LDL-colesterol. Además
en este estudio, a diferencia de todos los anteriores, se observó que la
ingesta de pistachos producía un aumento de HDL-colesterol.
Curb y col. (56) estudiaron el efecto sobre el perfil
lipoproteico de una dieta rica en AGM aportados principalmente por las nueces de
Macadamia. Se llevó a cabo en 30 sujetos a los que se les proporcionó una
dieta típica americana, una dieta recomendada por la American Heart
Association y, posteriormente una dieta rica en nueces de Macadamia. La última
dieta produjo una disminución más importante del colesterol total y de las LDL
en sangre que la dieta recomendada por la American Heart Association.
Además, se obtuvo también una disminución de los TG plasmáticos por las
nueces de Macadamia, siendo los primeros frutos secos en los que se ha observado
este efecto.
Los beneficios cardiovasculares de las nueces han sido
atribuidos principalmente a su elevado contenido en ácido oleico y linoleico,
no existiendo muchos artículos científicos donde se atribuya también estos
efectos al ácido a -linolénico. En un importante
estudio dietético de prevención secundaria (53,59), los pacientes asignados a
una dieta de tipo mediterráneo enriquecida con ácido a
-linolénico tuvieron una reducción en la incidencia de episodios coronarios no
mortales y muertes cardíacas de hasta el 70% en comparación con el grupo
control. Este notable beneficio se observó a los 2 años del estudio y persistió
a los 4 años (23,24). Es importante señalar, que ninguno de los estudios de
prevención secundaria con terapia farmacológica ha conseguido una reducción
tan destacable en los factores de riesgo. Por tanto, parece biológicamente
plausible considerar a la dieta mediterránea (en particular a la enriquecida en
ácido a -linolénico) como una excelente alternativa
para la prevención de la enfermedad coronaria.
A pesar de que gran parte de los efectos beneficiosos de los
frutos secos sobre el perfil lipoproteico y por tanto en la prevención de las
enfermedades cardiovasculares pueden ser explicados por la composición en ácidos
grasos, numerosos estudios han demostrado que hay otros componentes que
potencian o producen estos efectos cardioprotectores. Uno de estos estudios es
el de Kris–Etherton y col. (35) que sometieron a los participantes a una dieta
sin nueces, pero con la misma composición de ácidos grasos que una dieta
suplementada con tales frutos secos. La disminución de las LDL producida por la
dieta sin nueces sería el valor predictivo que se esperaría debido a la
composición grasa de las nueces. Sin embargo, se observó que el valor real
obtenido tras la suplementación con dichos frutos secos producía una disminución
superior a un 25% de las LDL sobre el valor predictivo. La conclusión a la que
llegaron fue, por tanto, que en las nueces había otros componentes que
potenciaban este efecto positivo sobre las LDL.
En cuanto a estos otros componentes, no se han realizado
hasta el momento estudios específicos de su concentración en los frutos secos
y sus efectos en el perfil lipoproteico. Por tanto, su estudio, constituye un
campo muy importante de investigación futura en enfermedades cardiovasculares.
Nueces, ácido alfa linolénico y enfermedades
cerebrovasculares
Las nueces (59) son una de las fuentes más ricas de ácido a
-linolénico (6,8 g/100g) y presentan un cociente ácido linoleico / ácido a
-linolénico 5/1, muy favorable para prevenir las enfermedades vasculares (23).
Hasta hace poco tiempo se suponía que aquellos factores que
actuaban como protectores de la enfermedad cardiovascular también lo eran de la
enfermedad cerebrovascular. Numerosos estudios como el Seven Countries Study
(60) y el de Framingham (61) han demostrado que la disminución en la
ingesta de AGS que prevenía los accidentes cardiovasculares no disminuye el
riesgo de padecer un infarto cerebral. De hecho, la mortalidad cardiovascular en
España sigue siendo una de las más bajas de Europa, pero los índices de
mortalidad cerebrovascular son bastante más elevados (1). El estudio de Renaud
(62) donde se estudió la ingesta de productos lácteos en 21 países
industrializados observó una relación inversa entre consumo de lácteos (con
un elevado contenido en AGS) y riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.
La mayor esperanza de vida en los países desarrollados sigue
dándose en Creta, donde se consume una dieta mediterránea pero altamente
enriquecida en ácido a -linolénico, debido al
elevado consumo de caracoles y frutos secos (63). El primer estudio donde se
observó una relación inversa entre la concentración de ácido a
-linolénico y el riesgo de infarto cerebral fue en el Lyon Heart Study
(64) donde en el grupo experimental que consumía altos niveles de ácido a
-linolénico no hubo ningún caso de infarto cerebral, a diferencia de con el
grupo control donde hubo cuatro casos. En los últimos 20 años en Finlandia se
ha visto una disminución en el número de infartos cerebrales de un 66% en
hombres y de un 60% en mujeres. Esto es debido, en gran parte, a unos nuevos hábitos
alimentarios que se basan en el modelo de Creta con aumento de la cantidad de ácido
a -linolénico alcanzándose un cociente ácido
linoleico/ ácido a -linolénico del orden de 5/1
(23).
CONCLUSIONES E IMPLICACIONES
En resumen, los hábitos alimentarios responsables en gran medida de
provocar un aumento en la incidencia de padecer enfermedad coronaria son entre
otros, el aporte calórico excesivo y el consumo de grasa saturada. La ingestión
excesiva de energía favorece el desarrollo de resistencia a la insulina y
obesidad (65), lo que conlleva un mayor riesgo de morbimortalidad. La
hiperinsulinemia, la ingesta excesiva de sodio y /o pobre de potasio y magnesio
son factores reconocidos en el mantenimiento de niveles elevados de presión
arterial y su relación con las enfermedades cardio y cerebrovasculares (16).
Por ello, debe recomendarse adquirir hábitos saludables, tomando como modelo
una dieta prudente (p.e. la dieta mediterránea), y a la luz de las últimas
investigaciones, incluir en ella unos 25 gramos de frutos secos, preferentemente
crudos, unas 5 veces por semana, siempre que se tenga seguridad de la falta de
alergías o intolerancias a estos alimentos.
Aunque existe amplia existencia de los beneficios del consumo
de frutos secos creemos en la necesidad de profundizar en los siguientes
aspectos:
a) analizar los cambios en la composición de los frutos
secos que se producen por los procesos tecnológicos
b) estudiar los efectos de los componentes minoritarios de
los frutos secos aislados, en combinación y en su conjunto sobre el
metabolismo lipoproteico, trombogénesis y presión arterial
c) definir la importancia real del consumo de estos
alimentos en pacientes con sobrepeso y obesidad
d) profundizar en los mecanismos protectores de los frutos
secos y la enfermedad cardiovascular
e) estudiar si la inclusión de frutos secos en alimentos
de frecuente consumo (alimentos funcionales) ejerce el mismo efecto sobre la
salud que el consumo como alimento aislado.
AGRADECIMIENTOS
Este trabajo ha sido subvencionado por el Proyecto del Plan Nacional de
Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica referencia AGL
2001-2398-C03-03.
Agradecemos a Lourdes Fernández, Josana Librelotto, Amaia
Canales y a los demás alumnos del curso de Doctorado en Farmacia de la
Universidad Complutense de Madrid "Nutrición y Enfermedades
Cardiovasculares" por su contribución en este artículo.
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Recibido: 29/10/2003 Aceptado: 17/03/2004
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