HOME > EDICIONES > Año 2007, Volumen 57 - Número 3
Trabajos de Investigación
Estado nutricional en niños preescolares que asisten a un jardín de infancia público en Valencia, Venezuela
Sara Irene del Real, Armando Sánchez Jaeger, María Adela Barón, Nayka Díaz, Liseti Solano,
Emma Velásquez, Jesús López Centro de Investigaciones en Nutrición “Dr. Eleazar Lara Pantin”, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Carabobo
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RESUMEN Estado nutricional en niños preescolares que asisten a un jardín de infancia público en Valencia, Venezuela A fin de evaluar el estado nutricional en un grupo de preescolares que asisten a un jardín de infancia público en Valencia, Venezuela (2002), se indagó el estrato social, las variables antropométricas; peso, talla y circunferencia del brazo, la hemoglobina, el retinol sérico, la presencia de parasitosis y el consumo de alimentos, así como el nivel educativo materno. Se utilizó el programa SPSS versión 11.0 y las pruebas t de Student, ANOVA de una vía, Post Hoc de Bonferroni y Fisher (p < 0,05). Se presentó un predominio del sexo femenino (52%). Según el estrato social 23,3% se ubicó en clase media y 76,8% en algún nivel de pobreza. El 60% de las madres de clase media habían terminado su educación secundaria y sólo el 9,8% de las madres en pobreza alcanzaron este nivel. Se observó según valores Z (T/E, P/T y CMB/T) altos porcentajes por debajo de -1,00 (27,3%, 25,6% y 24,5% respectivamente). El P/T y la CMB/T de los hijos de madres universitarias presentaron diferencias al compararlos con los hijos de madres con nivel de educación primaria. Se presentó un 25,9% de anemia y hubo diferencias entre los grupos anémicos y no anémicos para T/E y CMB/T. Se observaron protozoarios en 61,0%, helmintos en 16,9% y la presencia de ambos en 22,1%. Se encontró 2,6 veces mayor riesgo de presentar déficit nutricional para CMB/T en el grupo parasitado. Se encontró un consumo adecuado de energía y hierro, con consumo excesivo de proteínas y vitamina A. Se concluye que existe riesgo nutricional evaluado a través de los parámetros hematológicos, la presencia de parasitosis y el estrato social.
Palabras clave: Antropometría, anemia y preescolares venezolanos.
SUMMARY Nutritional status in preschoolers attending a public day-care center in Valencia, Venezuela With the purpose of evaluating nutritional status in a group of preschoolers attending a public day care center in Valencia, Venezuela (2002), a research was made for social stratus, anthropometric variables; weight, height and arm circumference, hemoglobin, seric retinol, presence of parasitosis and food consumption, as well as the mother’s educational level. The program SPSS 11.0 and the t Student, ANOVA Post Hoc from Bonferroni and Fisher (p<0,05) were used. A predominance of the female sex was presented (52%). According to the social stratus, 23.3% was located in the middleclass, and 76.8% on some level of poverty. 60% of the middleclass mothers had finished their high school education, while only 9.8% of the mothers in poverty had reached that level. According to the Z values (H/A, W/H and AC/H), high percentages under -1.00 were observed (27.3%, 25.6% and 24.5%, respectively). The W/H and AC/H of children of mothers studying in a university presented discrepancies when compared with children of mothers with a primary educational level. A 25.9% of anemia was presented, and there were differences between anemic and non-anemic groups for H/A and AC/H. Protozoaries were observed in 61.0%, helmintos in 16.9% and both in 22.1%. There was a 2.6 times higher risk of presenting nutritional deficiency for AC/H in the group found with parasites. An adequate consumption of energy and iron was found, with an excessive consumption of proteins and vitamin A. It is concluded that there exists a nutritional risk evaluated through hematologic parameters, the presence of parasitosis and social stratus.
Key words: Anthropometry, anemia and Venezuelan preschoolers.
INTRODUCCION
El riesgo de déficit nutricional se presenta con
mayor frecuencia en las edades pediátricas, siendo el bajo peso, la falta de
crecimiento y la anemia algunas de sus principales manifestaciones. Entre los
factores que se han relacionado a este riesgo se mencionan la presencia de
infecciones tipo parasitosis, un consumo deficiente de alimentos e inadecuadas
condiciones socioeconómicas (1).
En Venezuela, específicamente en el período de 1990 al 2002, hubo un
crecimiento significativo del índice de pobreza (8,8%), mientras que en el
resto de Latinoamérica se observó un descenso en dichos valores del 4,3%
(2,3). Esto ocasionó dificultad para suministrar una alimentación balanceada a
todos los miembros de la familia, especialmente en los estratos más bajos de la
población, repercutiendo en los indicadores de calidad de vida, salud y
nutrición.
Entre los principales centros urbanos de Venezuela está Valencia, ciudad
industrial por excelencia, la cual no ha escapado al éxodo poblacional de otras
regiones en busca de trabajo y mejores condiciones de vida. Esto ha traído como
consecuencia el aumento de su población y la creación de barriadas para dar
alojamiento a sus habitantes; aglomerándose en su mayoría en la zona sur de la
ciudad, donde se ubican los estratos sociales más bajos de la población. Esta
situación, aunada a la disminución del poder adquisitivo, hace a los niños de
esta zona un grupo susceptible a un estado nutricional deteriorado, razón por
la cual el presente estudio tuvo como objetivo evaluar el estado nutricional en
un grupo de preescolares que asisten a un jardín de infancia público de esta
zona suburbana de la ciudad de Valencia, Venezuela.
METODOLOGIA
Se evaluaron transversalmente a todos los niños
que asistieron durante el mes de marzo del año 2002, a un jardín de infancia
suburbano público ubicado en el barrio El Consejo, Parroquia Miguel Peña al
sur del Municipio Valencia, Estado Carabobo, Venezuela. De un total de 190
preescolares inscritos, la muestra final quedó constituida por todos los niños
que acudieron el día de la cita con sus representantes; 151 preescolares entre
4 y 7 años de edad, en quienes se realizaron las siguientes evaluaciones:
Condición socio-demográfica del niño y del grupo familiar
Se indagaron datos sobre composición del grupo familiar (número de
familias, de personas menores de 15 y mayores de 60 años por vivienda), nivel
de educación de la madre o cuidadora, ingreso monetario y características
sanitarias de las viviendas. Se evaluó la estratificación social según el
método de Graffar-Méndez Castellano (4).
Evaluación antropométrica
Los datos fueron tomados por personal capacitado y estandarizado. El peso,
la talla y la circunferencia media del brazo se tomaron según las normas
establecidas en Venezuela (5). Se construyeron los indicadores: talla para la
edad (T/E), peso para la talla (P/T), y circunferencia media del brazo para la
talla (CMB/T). Se utilizó el programa Epi-Info 2004, versión 3.2.2 para
estimar el valor Z (Z score) de cada indicador comparándolo con las poblaciones
de referencia sugeridas por la Organización Mundial de la Salud (6).
Química sanguínea
Se determinaron hemoglobina y hematocrito en un contador hematológico
automatizado, modelo AC.T 5diff de Beckman Coulter. Para definir anemia en la
población estudiada se usó como punto de corte un valor de hemoglobina
inferior a 11,0 g/dL para los niños menores de 5 años y 11,5 g/dL para los
mayores. El punto de corte para el hematocrito fue de 33% y 34% para menores y
mayores de 5 años respectivamente (7). Los niveles séricos de retinol se
establecieron por cromatografía líquida de alta presión (HPLC); en
cromatógrafo marca Hewlett-Packard modelo 1050. Para evaluar el estado de
vitamina A, se utilizaron los siguientes puntos de corte de retinol sérico:
>30 mg/dL (normal);
entre 20 y 30 mg/dL
(marginal) y <20 mg/dL
(deficiente) (8). Para estas determinaciones se extrajeron en condiciones de
ayuno 6 ml de sangre periférica mediante punción venosa y en ambiente de
penumbra; 2 ml de sangre se colocaron en tubos de vidrio conteniendo 25 µl de
EDTA como anticoagulante destinándose para las determinaciones de hemoglobina y
hematocrito. Los 4 ml restantes se colocaron en tubos de polipropileno cubiertos
previamente con papel de aluminio, para evitar la acción de la luz sobre la
vitamina A. El suero, libre de hemólisis, se obtuvo mediante centrifugación y
se almacenó en tubos de polietileno color ámbar a -70º C, usándose para la
determinación de retinol sérico.
Diagnóstico parasitológico
Se recolectaron muestras de heces y se analizaron con el método directo
(solución de cloruro de sodio al 0,85% y solución de Lugol) y el método de
concentración de Kato, los cuales permiten la observación directa de las
formas parasitarias (9).
Consumo de alimentos
Su evaluación se realizó mediante el método de Recordatorio de 24 Horas
(R24H), obteniendo información sobre el tipo y cantidad de alimentos consumidos
en las 24 horas previas a la entrevista. Ya que se trató de niños menores de 8
años, la información se obtuvo directamente de la madre/responsable de su
alimentación (10). La información obtenida fue llevada a gramos de alimentos y
se calculó la composición calórica, de macronutrientes, de vitamina A y de
hierro, a partir de la Tabla de Composición de Alimentos Venezolana (11). Para
estimar la prevalencia de consumo inadecuado de energía y nutrientes se
calculó el porcentaje de niños con consumos inferiores a los dos tercios de
las recomendaciones, utilizándose los valores de referencia nacionales
establecidos, ajustando por género y edad (12).
Análisis de los datos
Para el análisis estadístico se utilizó el programa SPSS versión 11.0
para Windows. Se realizaron estadísticas descriptivas de las variables
(frecuencias, porcentajes, promedios, medianas, desviación estándar). Estas
fueron evaluadas a objeto de conocer si cumplían con los requerimientos de
normalidad y homogeneidad.
De acuerdo al comportamiento de las variables, se utilizaron las pruebas t de
Student, análisis de varianza de un factor (ANOVA) y Post Hoc de Bonferroni, o
sus equivalentes no paramétricas; así como la prueba exacta de Fisher, para
explorar asociaciones entre las variables. Se utilizó un criterio de
significación estadística de p < 0,05.
RESULTADOS
Condición socio-demográfica
Las características socio-demográficas del grupo
familiar se describen en la Tabla 1. El Consejo es una comunidad suburbana bien
establecida, donde casi la totalidad de las viviendas contaban con los servicios
básicos; electricidad (100%), agua potable, aguas negras y aseo urbano (98%).
La mayoría de las viviendas eran de construcción sólida con paredes de
bloques y techos de buena calidad (94%). Un 30% de las viviendas alojaban a más
de una familia. El 94,8% de las familias tenía al menos una persona con empleo
permanente. Según el estrato social, 23,3% de la muestra se ubicó como clase
media (estrato social III) y 76,8% se ubicó en algún nivel de pobreza (IV y
V), lo cual corresponde con la ubicación geográfica de la muestra
seleccionada. El 60% de las madres o cuidadoras de clase media habían terminado
su educación secundaria, mientras que sólo el 9,8% de las madres en pobreza
alcanzaron este nivel de educación y 1,5% eran analfabetas.
Con relación a los preescolares, el valor promedio de edad en la muestra
evaluada fue de 5,1 ± 1,3
años y la mediana de 6,0 años. La distribución según el género presentó un
ligero predominio del sexo femenino (52%).
TABLA 1
Características socio-demográficas del grupo familiar.
Comunidad suburbana “El Consejo”, Parroquia Miguel Peña, Valencia
Evaluación antropométrica
En la Tabla 2 se presenta la media, desviación
estándar, mediana y la distribución porcentual según los valores Z para los
indicadores T/E, P/T y CMB/T, observándose un alto porcentaje de preescolares
con Z scores por debajo de -1,00 (27,3%, 25,6% y 24,5%, respectivamente).
En la Tabla 3 se observan las diferencias según estrato social de los
indicadores antropométricos, las cuales fueron estadísticamente significativas
para P/T (p=0,000) y CMB/T (p=0,001).
Al evaluar si el nivel de educación alcanzado por las madres/cuidadoras
condicionaba diferencias entre los indicadores antropométricos, se encontró
que el P/T y la CMB/T de los hijos de madres/cuidadoras que habían alcanzado el
nivel universitario eran significativamente diferentes al de aquellos cuyas
madres/cuidadoras tenían un nivel de educación primaria o inferior. Así para
P/T, el valor de la mediana de los hijos de madres/cuidadoras con educación
universitaria fue de 1,12 y el de los niños con madres/cuidadoras con
educación primaria o inferior fue de -0,56 (p=0,012). Con relación a la
CMB/T, el valor de la mediana de hijos de madres/cuidadoras con educación
universitaria fue de 1,08 y el de los niños con madres/cuidadoras con
educación primaria o inferior fue de -0,71 (p=0,015).
TABLA 2
Estadísticos descriptivos y distribución porcentual para Talla/Edad,
Peso/Talla y
CMB/T. Comunidad suburbana “El Consejo”, Parroquia Miguel Peña, Valencia
Química sanguínea
Los valores promedios de los parámetros
hematológicos; Hb (11,8±0,7
g/dL) y Hcto (36,7±2,1%)
se encontraron dentro de la norma, sin embargo un 25,9% (n=44) de la muestra
presentó anemia. Hubo diferencias (p<0,05) entre los grupos anémicos
y no anémicos para los indicadores T/E y CMB/T (Tabla 4). En cuanto al retinol
sérico, se encontró que todos los preescolares evaluados, presentaron valores
por encima de lo considerado normal, con un valor promedio de 54,3±12,2
mg/dL y una mediana de 53,5mg/dL;
sin evidenciarse niños en déficit o en situación de deficiencia marginal.
TABLA 3
Indicadores antropométricos según el estrato socioeconómico.
Comunidad suburbana “El Consejo”, Parroquia Miguel Peña, Valencia
TABLA 4
Indicadores antropométricos según parámetros hematológicos.
Comunidad suburbana “El Consejo”, Parroquia Miguel Peña, Valencia
Diagnóstico parasitológico
Se encontró un 51,0% de al menos una forma
parasitaria y en un 41,0% más de una. Se observaron protozoarios en 61,0% de la
muestra, helmintos en 16,9% y la presencia de ambos en 22,1% de los niños. Para
evaluar la asociación entre el estado nutricional antropométrico y la
parasitosis intestinal se reagruparon los niños en dos categorías: niños en
déficit nutricional (valor Z < -1,00) y niños con un estado nutricional
normal o sobre la norma (valor Z > -1,00). Se encontró una asociación
estadísticamente significativa para la CMB/T (p=0,014) teniendo el grupo
parasitado un riesgo cerca de 2,6 veces mayor de presentar déficit nutricional
según este indicador. Los demás indicadores antropométricos no presentaron
asociación con la parasitosis intestinal. Al comparar la presencia de anemia en
niños parasitados y no parasitados, se observó que en el grupo de niños
anémicos, hubo casi el doble de niños con parasitosis (64,1% vs. 35,9%) y el
riesgo de presentar anemia fue el doble en el grupo parasitado con diferencias
significativas (Tabla 5).
TABLA 5
Asociación entre CMB/Talla, parámetros hematológicos y parasitosis
intestinal.
Comunidad suburbana “El Consejo”, Parroquia Miguel Peña, Valencia
Consumo de alimentos
La distribución calórica promedio de
macronutrientes de la muestra estudiada fue de 14,4% de proteínas, 26,7% de
lípidos y 58,9% de carbohidratos. Esta distribución se encuentra dentro de los
rangos considerados como aceptables para niños venezolanos, estando los
lípidos cerca del límite inferior establecidos para este grupo de edad (para
menores de 16 años: 25-30% del total de calorías). La Tabla 6, presenta el
consumo promedio y el valor de la mediana de energía y nutrientes, así como la
adecuación del consumo alimentario y el porcentaje de niños con un consumo por
debajo de los dos tercios de las recomendaciones nacionales. Como se observa, se
encontró un consumo adecuado de energía y hierro, y un consumo excesivo de
proteínas y vitamina A. Sin embargo cabe destacar que respectivamente para la
energía y el hierro, 9% y un 10% de la muestra no alcanzaron a cubrir los dos
tercios de sus requerimientos. En relación al tipo de hierro consumido, 84%
correspondió a fuentes de hierro no hemínico y solo el 16% a hierro hemínico.
No se encontraron asociaciones significativas entre el consumo de nutrientes y
el resto de las variables.
TABLA 6
Consumo de energía y nutrientes, adecuación
nutricional y riesgo de consumo
inadecuado.
Comunidad suburbana “El Consejo”, Parroquia Miguel Peña, Valencia
DISCUSION
Aún cuando todos los niños viven en una zona de
pobreza, los niños pertenecientes a un estrato socioeconómico mas bajo y con
nivel menor en la educación de sus madres, mostraron valores antropométricos y
hematológicos significativamente menores al resto de los niños estudiados,
señalando a esta característica como factor de riesgo nutricional. A nivel
poblacional, se ha descrito que los retardos de crecimiento ocasionados por
deficiencias nutricionales están condicionados por el ciclo
pobreza-infección-desnutrición. Estas alteraciones reflejan el resultado de un
proceso de subalimentación, asociado a pobres condiciones socioeconómicas y
culturales, producto del deterioro general de la calidad de vida (13).
La prevalencia de -2 Z score en el indicador T/E al ser comparada con trabajos
nacionales, resultó ligeramente inferior tanto a la reportada en un grupo de
niños en pobreza entre 4 y 6 años del municipio Naguanagua, de la ciudad de
Valencia (8,0%) (13), como a la reportada (10,7%) en un grupo de preescolares en
pobreza evaluados durante el año 2001 en una comunidad de la isla de Coche,
Estado Nueva Esparta, región situada en el mar caribe (14). Igualmente resultó
inferior a la reportada en un grupo de niños entre 2 y 6 años de edad
provenientes de barrios marginales urbanos y rurales de la ciudad de Maracaibo
(segunda ciudad en importancia de Venezuela), en quienes se ubicó en 13,4%
(15). Con relación a datos latinoamericanos nuestro valor es similar a lo
reportado en un grupo de niños ubicados en la costa del pacífico colombiano en
condiciones sociales precarias, evaluados entre marzo y octubre del 2002, en
quienes su déficit se ubicó en un 6,9% (16) y similar a lo reportado por
Bolzán (17), en 4300 niños evaluados en el año 2003 en el Municipio de
Olavaria, Buenos Aires, en quienes la prevalencia de -2 Z score para varones y
niñas se ubicó entre 7,8 y 7,9% respectivamente.
Con relación al indicador P/T, la prevalencia -2 Z score al ser comparada con
trabajos nacionales, resultó superior a la reportada en el grupo de niños en
pobreza entre 4 y 6 años evaluados en el municipio Naguanagua, de la ciudad de
Valencia (1,1%) (13) y con relación al porcentaje de niños en bajo la norma
(25,6%), éste es superior a lo reportado en un grupo de preescolares y
escolares evaluados durante el año 2001 en la isla de Coche, Estado Nueva
Esparta (8,6%) (14). De igual forma se ubicó por encima de lo reportado por el
Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional, tanto para Venezuela (14,08%),
como para el estado Carabobo (12,33%) para el año en que fue tomada la muestra
(18). Con relación a datos latinoamericanos el valor obtenido en esta
investigación superó a lo reportado en Argentina, en un grupo de niños
evaluados durante el año 2003, en nueve provincias del norte de dicho país
(1,1%) y a su vez fue mayor al reportado en un municipio localizado en el centro
de la provincia de Buenos Aires (1,0%); en ambos estudios los niños se
encontraron en hogares bajo la línea de pobreza (17, 19).
Con relación a la prevalencia de anemia observada (25,9%), está considerada
como problema moderado desde el punto de vista de salud pública por la OMS.
Esta prevalencia fue superior a la reportada por Solano (10,8%) y del Real para
1998 (13,0%) en preescolares de similares estratos socioeconómicos del Estado
Carabobo, igualmente fue superior a lo reportado por Fundacredesa en
preescolares y escolares del interior de Venezuela y en el área metropolitana
de Caracas (13,3%) (20-22). Con relación a datos latinoamericanos la
prevalencia de anemia fue similar a la encontrada en preescolares de Costa Rica
(26,3%) (23). Los niños evaluados no presentaron deficiencia de vitamina A, ni
déficit marginal, según los niveles de retinol sérico. Estos resultados
difieren de otros estudios realizados en el país en niños de los mismos
estratos socioeconómicos, donde encontraron déficit de vitamina: Angarita en
el Estado Mérida (25%), Montilva en el Estado Lara (14,0%) y por Solano y del
Real en el Estado Carabobo (11,0% y 0,5% respectivamente). Sin embargo, los
resultados del presente estudio coinciden con lo reportado por Fundacredesa y
más recientemente por el grupo de la "Alianza por una nutrición
saludable", quienes afirman que los preescolares y escolares evaluados
en Venezuela presentan un estado adecuado con relación a la vitamina A (20- 22,
24-26).
En el presente estudio se encontró un alto porcentaje de niños con
parasitosis, característica que se observa en ambientes de bajo nivel
socioeconómico e inadecuados hábitos higiénicos. Esto es coincidente con los
datos encontrados por Devera y Vásquez en niños venezolanos (46,1%) y
mexicanos respectivamente (47,2%) (27-28); quienes evaluaron sus muestras en
bajos estratos socieconómicos. Se observó en el presente estudio que el riesgo
de presentar anemia fue el doble en el grupo parasitado con diferencias
significativas.
Con relación a la distribución de la energía aportada por los
macronutrientes, los porcentajes encontrados se ajustan a las recomendaciones
para la población venezolana de esta edad (13). El consumo promedio de
kilocalorías (1476,8±
346,5 kcal) fue similar a las recomendaciones del Instituto Nacional de
Nutrición (1450 kcal) para este grupo de edad, aun cuando 9% de los niños no
cubrió los dos tercios de sus recomendaciones energéticas. Se observó un
consumo excesivo de proteínas (121% de adecuación), al igual que en estudios
anteriores realizados en niños con edades y características similares de otras
zonas suburbanas de Valencia, reportándose 121% de adecuación proteica en el
estudio de Portillo y colaboradores en la zona sur (29). Sin embargo, el consumo
de proteínas es considerablemente menor al reportado en un grupo de niños de
estrato socioeconómico alto de la ciudad de Caracas (182% de adecuación en
niñas y 209% en niños) (30). El hecho de que en este estudio se llevó a cabo
un solo recordatorio del consumo alimentario del día anterior, constituye una
limitación debido a la variabilidad que ocurre a nivel intra-individual, la
cual se minimiza al recoger recordatorios múltiples. La dispersión de los
datos del consumo de la vitamina A indica que la ingesta fue muy variable entre
los sujetos evaluados, lo cual es un reflejo del comportamiento de esta vitamina
en la naturaleza. Además, la estimación de la dieta por el método de R24H
refleja un consumo actual y no el usual, por lo que los valores de ésta
vitamina pueden variar según la estacionalidad de los alimentos fuentes de las
vitaminas. Es probable que los niños que presentaron ingestas inadecuadas no
consumieran dichos alimentos en los días evaluados por el recordatorio,
mientras que otros tuvieron un consumo elevado de ellos. Esto sugiere que su
ingesta debe evaluarse mediante el método de frecuencia de consumo de alimentos
fuentes en vitamina A, el cual permite medir el riesgo de deficiencia de esta
vitamina a nivel comunitario (8).
CONCLUSIONES
Los resultados de la evaluación hematológica sugieren que en este grupo de
niños existe un problema de salud pública en cuanto a la presencia de anemia.
Al comparar la presencia de anemia en niños parasitados y no parasitados, se
observó que en el grupo de niños anémicos, hubo casi el doble de niños con
parasitosis.
Aún cuando todos los niños viven en una zona de pobreza, los niños
pertenecientes a un estrato socioeconómico mas bajo y con nivel menor en la
educación de sus madres, mostraron valores antropométricos y hematológicos
significativamente menores al resto de los niños estudiados, señalando a estas
características como factores importantes de riesgo nutricional.
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Recibido: 29/03/2007 Aceptado: 17/09/2007
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