Introducción
El establecimiento temprano de la microbiota intestinal es un proceso biológico importante en la maduración inmunológica y la programación metabólica en los primeros mil días de vida(1,2). En este periodo, la leche humana representa un vehículo de bacterias para el lactante, que favorece la siembra, desarrollo y ensamblaje del microbioma, mientras aporta la energía y nutrientes necesarios para el adecuado crecimiento y desarrollo infantil(2).
Se ha documentado que cuando un niño es amamantado recibe cerca de 107 UFC/mL de bacterias y una cuarta parte de su microbiota intestinal proviene de la transferencia que la madre hace a través de la leche humana (2), encontrándose una transmisión de géneros como Bifidobacterium spp., Escherichia-Shigella spp. y Bacteroides spp. importantes en la maduración intestinal y del sistema inmunológico (3,4), lo que apoya aún más la recomendación establecida por organismos internacionales de usarla exclusivamente como alimento para los lactantes durante los primeros seis meses de vida (5,6).
Diversos factores se han relacionado con la modulación de la microbiota de la leche materna, dentro de los cuales la alimentación de la mujer ha mostrado un efecto significativo. La evidencia disponible ha identificado asociaciones entre la ingesta de energía y nutrientes durante la gestación y la lactancia con filos y géneros bacterianos en la leche, especialmente en la relación nutriente-taxones microbianos (7–9), sin embargo, la disponibilidad de estudios que metodológicamente aborden la relación entre el consumo de grupos de alimentos y su clasificación por grado de procesamiento en madres lactantes, más allá de la energía y nutrientes individuales consumidos, siguen siendo limitado (7).
En la actualidad tres investigaciones han realizado aproximaciones analíticas basadas en ingesta de grupos de alimentos y microbiota de la leche materna (10–12), no obstante, no se ha explorado la relación con el consumo de alimentos según su grado de procesamiento, lo que cobra interés por los cambios que en los últimos años se han evidenciado en los patrones alimentarios y el consumo de alimentos cada vez más industrializados en diferentes momentos de la alimentación(13), junto con evidencia proveniente de estudios en otras poblaciones, en la que se ha identificado que los ultraprocesados pueden desencadenar una firma microbiana intestinal proinflamatoria, mientras que la ingesta de alimentos de origen vegetal y una dieta tipo mediterránea generan un efecto contrario, favoreciendo la presencia de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta y reduciendo los marcadores de inflamación intestinal (14,15), fenómeno biológico explicativo en la génesis de diversas alteraciones en salud(16).
Explorar la relación entre la alimentación de la madre lactante con la microbiota de la leche materna es importante, más aún cuando se ha encontrado que muchas mujeres asumen la lactancia en situación de vulnerabilidad alimentaria y su patrón de consumo dista de las recomendaciones dietéticas establecidas para esta etapa fisiológica, una de las más exigentes en requerimientos de calorías y nutrientes en el ciclo vital (17,18). A partir de lo anterior, el objetivo de este estudio fue explorar la relación entre el consumo de grupos de alimentos según las guías alimentarias para Colombia y su grado de procesamiento, y taxones microbianos de la leche materna de madres lactantes en primer trimestre posparto.
Materiales y métodos
Se llevó a cabo un estudio descriptivo-trasversal en 30 mujeres lactantes sanas de la región del Oriente de Antioquia, Colombia, quienes fueron atendidas en el Hospital Nuestra Señora de la Candelaria de Guarne y en el Hospital San Juan de Dios de Rionegro, ambas instituciones de carácter público. El proceso de selección de la muestra fue a conveniencia y el reclutamiento se realizó entre junio de 2021 y febrero de 2022. Las mujeres fueron identificadas inicialmente a través de las instituciones de salud y, tras una revisión detallada de su historia clínica para verificar criterios de elegibilidad, antecedentes en salud e indicadores antropométricos (peso pregestacional y ganancia de peso), fueron contactadas para indagar por su estado actual de lactancia, situación de salud, seguridad alimentaria y voluntad de participación. Posteriormente, se programaron dos encuentros presenciales para la firma del consentimiento informado, la recolección de la información alimentaria, la toma de peso y talla, y la colecta de las muestras biológicas de leche materna.
Se incluyeron mujeres en primer trimestre de lactancia, con edades entre 18 y 39 años, que ofrecían a sus hijos lactancia materna exclusiva, con seguridad alimentaria en el hogar según la Escala Latinoamericana y Caribeña de Seguridad Alimentaria (ELCSA)(19), sin enfermedades que afectarán el desarrollo de la lactancia, con índice de Masa Corporal (IMC) adecuado o en sobrepeso y con nacimiento de su hijo a término. Aquellas mujeres con alteraciones en salud en la gestación o lactancia como diabetes, trastornos hipertensivos, enfermedades inmunológicas o que reportaron consumo de medicamentos u otras sustancias como antibióticos, antidepresivos, laxantes, corticosteroides, cigarrillos, alcohol, inhibidores de la bomba de protones y probióticos de forma crónica o 30 días previos a la recolección de las muestras, fueron excluidas.
Recolección de información antropométrica y alimentaria
Los datos de consumo de alimentos fueron recolectados a partir de dos recordatorios de 24 horas (R24h) con la metodología de múltiples pasos ajustada previamente validada en estudios poblacionales(20–23). Los R24h se aplicaron en diferentes días de la semana, no consecutivos para ajustar la variabilidad intra e interindividual (20,24). La cantidad de alimentos ingerida por las mujeres fue obtenida usando figuras geométricas, modelos de alimentos y fotografías, todos ellos validados para población colombiana (25). Se tomaron mediciones antropométricas de estatura y peso, con una báscula digital y tallímetro portátil marca Seca y se calculó el IMC actual de la madre lactante, el cual fue clasificado como adecuado si se encontraba entre ≥18.5 a 24.9 kg/m2 o en sobrepeso ≥25 kg/m2 a 29.9 kg/m2 según lo establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS)(26). A partir de los datos de la historia clínica se calcularon el IMC pregestacional y la ganancia de peso gestacional. La recolección de la información fue realizada por un nutricionista dietista previamente capacitado.
Análisis del consumo de alimentos
La información del consumo de alimentos obtenida a través de los R24h fue digitada en el software EVINDI©v5 de la Escuela de Nutrición y Dietética, de la Universidad de Antioquia, Colombia (27). En este software se generó la base de datos con el aporte nutricional de los alimentos para cada participante, la cual se procesó en el software for Intake Distribution Estimation (PC-SIDE©v1.0) del Departamento de Estadística de la Universidad Estatal de Iowa, Ames IA, Estados Unidos (28).
A partir de los datos obtenidos del primer R24h, se obtuvieron todos los alimentos consumidos por cada una de las mujeres participantes y se clasificaron de acuerdo con el grado de procesamiento según la clasificación NOVA así: mínimamente procesados, ingredientes culinarios, procesados y ultraprocesados (29). Posteriormente se sumaron las calorías de los alimentos en cada categoría y se estimó el porcentaje de aporte calórico al total de la ingesta energética para cada participante. Además, los alimentos se asignaron a los seis grupos establecidos por las Guías Alimentarias Basadas en Alimentos para mujeres gestantes y madres en período de lactancia de Colombia (30): Cereales, raíces, tubérculos y plátanos; frutas y verduras; leche y productos lácteos; carnes y huevos; grasas; azúcares y postres. Se cuantificaron los gramos consumidos en cada grupo dietético, y se obtuvo el consumo en gramos para cada mujer. El proceso de clasificación de los alimentos de acuerdo con su grado de procesamiento y grupos de alimentos se realizó por dos nutricionistas dietistas e investigadoras de la unidad de evaluación de ingesta de la Escuela de Nutrición y Dietética en Medellín, Colombia con experiencia en la recolección, clasificación y análisis de ingesta dietética, y que han desarrollado trabajos en esta línea de consumo de alimentos en población colombiana (31–33).
Análisis de la microbiota de la leche humana
Se obtuvieron muestras de leche humana madura en un solo punto temporal entre 15 días y 3 meses posparto, extraídas de forma manual por una nutricionista capacitada, del seno contrario a la última toma del lactante y entre las 8:00 am y las 10:00 am. Una cantidad entre 15 a 20 mL de leche materna fue transportada en hielo seco y tubos estériles libres de DNAsas y RNAsas hasta el laboratorio Alimentación y Nutrición Humana de la Universidad de Antioquia. Para la extracción del DNA se tomaron 10 mL de la muestra, la cual se centrifugó para retirar la matriz lipídica y obtener el pellet celular. La extracción se realizó con el kit GeneJET Genomic DNA Purification de Thermo Scientific siguiendo las instrucciones del fabricante. La cantidad y la calidad del ADN extraído se evaluaron en un espectrofotómetro Nanodrop 2000 (Thermo Scientific, Pittsburg, PA, EE. UU.). Los amplicones se purificaron y se les asignó un código de barras, posteriormente se agruparon en cantidades equimolares (~50 ng por muestra) para la preparación de la biblioteca. La secuenciación de las regiones hipervariables V3-V4 del gen del ácido ribonucleico ribosomal 16S (ARNr), se realizó utilizando la plataforma Illumina MiSeq paired-end (2 × 300 pares de bases) con 100.000 lecturas para cada biblioteca (Macrogen, Corea).
Análisis Bioinformático
En un artículo publicado recientemente se describe el análisis bioinformático, a partir del cual se deriva este estudio (9). Brevemente, las secuencias obtenidas fueron analizadas en el software QIIME2 (Quantitative Insights into Microbial Ecology) v2019.7 (34), se eliminaron secuencias quiméricas y ruidos de secuenciación, se agruparon las secuencias en variantes de amplicones (ASVs)(35) y se realizó la asignación taxonómica empleando el método de alineación Vsearch (36) con la base de datos SILVA V138(37). Finalmente se obtuvieron los resultados de taxonomía a nivel de filo y género. Las lecturas de secuencia se encuentran depositadas en el Archivo Europeo de Nucleótidos (ENA) a través del número de proyecto PRJEB59523.
Análisis estadístico
Para el análisis descriptivo, se utilizaron distribuciones absolutas y relativas. Los resultados del consumo de alimentos de acuerdo con el grado de procesamiento y los gramos consumidos por grupo dietético se expresan en mediana y desviación de la mediana (DAM). Para el análisis de la relación entre la microbiota de la leche materna y las clasificaciones de los alimentos, se incluyeron aquellos filos y géneros bacterianos con una abundancia relativa ≥ 0.1% y presentes en al menos 50% de la muestras, el género Bifidobacterium spp. si bien no cumplió esta condición, fue incluido en el análisis dado su relevancia en la salud infantil (38). Después de probar la normalidad de los datos, se calcularon correlaciones robustas empleando la correlación de Pearson Winsorizada, para reducir la influencia de los valores atípicos en ambos conjuntos de datos y obtener una estimación más confiable y estable de la relación lineal entre las variables evaluadas (39). El procesamiento y análisis estadístico de los datos se llevó a cabo en los programas JASP v0.19.3.0, y RStudio v4.5.0. Se consideró como estadísticamente significativo un valor de p <0,05.
Esta investigación fue aprobada por el Comité de Bioética de la Facultad de Odontología de la Universidad de Antioquia, concepto No. 66-2020, Acta No. 10 de 2020. Todas las mujeres firmaron el consentimiento informado y donaron de forma voluntaria las muestras de leche.
Resultados
Las características sociodemográficas, gestacionales y antropométricas se muestran en la tabla 1. Brevemente, la mitad de las madres lactantes pertenecía al régimen de salud subsidiado, la mayor proporción tenía formación técnica y universitaria, entre 1 y 2 gestaciones previas, asistieron entre 6 a 8 controles prenatales y tuvieron parto vaginal. El promedio de IMC pregestacional fue 23,7± 2,54 kg/m2, de ganancia de peso 12,2 kg ± 3,6 kg y el IMC durante la lactancia 24,6 ± 2,90 kg/m2. Al momento de la evaluación 60% de las mujeres presentaba IMC en normalidad.
Tabla 1. Características sociodemográficas, gestacionales y antropométricas de las madres lactantes participantes

Consumo de grupos de alimentos y su grado de procesamiento en las madres lactantes
La media ajustada en la ingesta calórica fue 2185 kcal±399, la media ajustada del consumo de grasas saturadas 28,6g±6,12, grasa monoinsaturada 23,65g±4,97, grasa poliinsaturada 12,60g ± 2,32; el consumo de carbohidratos fue 314,1g±68 y carbohidratos simples 82,8 g±48,2, mientras que la fibra se consumió en una cantidad media ajustada de 13,9g±6,6; y el consumo medio ajustado de proteína fue 74,8g±15. En cuanto al cumplimiento de las recomendaciones de ingesta dietética para la mujer lactante colombiana, 99% de las participantes no cumplió la recomendación en la ingesta de proteína, 86% superó la ingesta recomendada de grasas saturadas y 72% de carbohidratos simples.
En cuanto al análisis de los gramos consumidos por grupos de alimentos, el mayor aporte estuvo representado por el grupo de cereales, raíces, tubérculos y plátanos (490±217g) seguido del grupo de leche y productos lácteos (297±84g) (Tabla 2), en relación con el grado de procesamiento (NOVA), los alimentos mínimamente procesados aportaron la mayor cantidad de calorías a la alimentación con una mediana de 1205kcal±256, mientras que los alimentos procesados tuvieron el menor aporte 44kcal±44 (Tabla 3). Frente al consumo de alimentos ultra procesados, 73% de las mujeres presentó un consumo mayor o igual al 10% de su ingesta calórica total.
Tabla 2. Consumo en gramos por grupos de alimentos de las guías alimentarias en las mujeres participantes.

*Me: Mediana; DAM: Desviación de la mediana
Tabla 3. Consumo de alimentos según su grado de procesamiento y porcentaje de aporte calórico a la ingesta energética total de las madres lactantes.

*Abreviaturas: Me: Mediana, DAM: Desviación Absoluta de la Mediana, Min: Mínimo, Máx: Máximo.
Relación entre el consumo por grupos de alimentos y taxones bacterianos de la microbiota de la leche materna
La microbiota de la leche materna fue descrita y publicada previamente (7), donde, en términos generales, 50% de la microbiota estuvo representada por los géneros Streptococcus spp., Staphylococcus spp. y Corynebacterium 1 spp. y los filos representativos fueron Firmicutes (69%), seguido de Actinobacteria (10%) y Proteobacteria (9.6%) (Figura 1).

Figura 1. Principales filos bacterianos identificados en la leche humana de las mujeres participantes.
La ingesta de grupos de alimentos específicos mostró correlaciones significativas con los géneros de la leche (Figura 2). El consumo del grupo de grasas que incluye alimentos fuente de grasa tanto de origen vegetal (aceites vegetales y margarina) como de origen animal (crema de leche, mantequilla, manteca de cerdo), se correlacionó de forma positiva con los géneros Bacteroides spp. (r = 0,412, p = 0,02) y Clostridium sensu stricto 1 spp. (r = 0,416 p= 0,02) mientras que el consumo del grupo de grasas saturadas (crema de leche, queso crema, mantequilla, aceite de palma y manteca de cerdo) con Cutibacterium spp. (r = 0,364 p = 0,04) y Terrisporobacter spp. (r = 0,376 p = 0,04). La ingesta de leche y lácteos mostró una correlación negativa con Escherichia Shigella spp. (r = -0,376 p= 0,04) y el consumo de frutas y verduras una relación positiva con Bifidobacterium spp. (r = 0,449 p= 0,01). No se evidenciaron relaciones con los principales filos bacterianos (p >0.05).

Figura 2. Correlaciones entre el consumo de grupos de alimentos según las guías alimentarias colombianas y taxones bacterianos de la leche materna.
Relación entre el grado de procesamiento de los alimentos consumidos y taxones bacterianos de la microbiota de la leche materna.
El análisis de la relación entre el grado de procesamiento de los alimentos y la microbiota de la leche materna, mostró correlaciones moderadas y fuertes. El consumo de alimentos mínimamente procesados presentó una correlación negativa significativa con el filo Proteobacteria (r = -0,37; p =0,04) y los géneros Desulfovibrio spp. (r =-0,52; p ≤0,01) y Escherichia-Shigella spp. (r = -0,47; p ≤0,01), mientras que el consumo de alimentos procesados presentó correlación positiva con Proteobacteria (r = 0,47; p = 0,02) y la ingesta de ultraprocesados con Escherichia Shigella spp. (r =0,36; p= 0,04), Lactobacillus spp (r = 0,37; p =0,04) y Desulfovibrio spp. (r = 0,38 p = 0,037) (Figura 3).

Figura 3. Correlaciones entre el consumo calórico según el grado de procesamiento de los alimentos y taxones bacterianos de la leche materna.
Discusión
Los resultados de este estudio exploratorio en Colombia muestran que el consumo en la madre lactante de ciertos grupos de alimentos y su grado de procesamiento se relacionan con taxones específicos de la microbiota de la leche materna, algunos de ellos asociados a condiciones inflamatorias y otros importantes para la salud metabólica e inmunológica del lactante.
En cuanto al consumo de los grupos de alimentos, en este estudio identificamos que el consumo materno de leche y lácteos, siendo la leche la fuente más representativa en este grupo de mujeres, se relacionó con menor abundancia de Escherichia-Shigella spp., al respecto, Aslam et al. (40), en una revisión sistemática de la literatura en la que evaluaron el efecto de la ingesta de todos los tipos de lácteos sobre la microbiota intestinal en adultos, reportaron que el consumo de leche y productos lácteos fermentados (yogur y kéfir) puede modular la microbiota intestinal, al favorecer el crecimiento de géneros bacterianos saludables como Lactobacillus spp. y Bifidobacterium spp., al tiempo que limita el crecimiento de potenciales patógenos.
En esta misma línea, Costa de Almeida et al. (41), en un experimento con murinos, encontraron que el suministro de kéfir por 21 días a hembras lactantes, incrementó la abundancia de bacterias productoras de butirato en la microbiota intestinal del lactante.
Estos hallazgos reafirman la importancia de la leche y sus derivados en la alimentación durante el posparto, no solo por su aporte de proteínas, vitaminas y minerales como el calcio, sino también por los efectos benéficos que pueden tener en la modulación de la microbiota de la leche que será transferida al lactante.
Un género que ha sido considerado de gran relevancia para la salud infantil es Bifidobacterium spp., el cual favorece la integridad de la barrera intestinal, previene la adhesión de patógenos y genera ácidos grasos de cadena corta tras la fermentación de los oligosacáridos de la leche humana (38). En esta investigación, encontramos que la ingesta materna de frutas y vegetales se relacionó de forma positiva con la abundancia de este género bacteriano, al respecto, Cortes-Macías et al.(10) identificaron que en la leche materna de mujeres que consumieron proteínas vegetales, fibra y carbohidratos, la abundancia relativa de Bifidobacterium spp. era superior en comparación con las mujeres cuya alimentación se caracterizaba por lípidos y proteínas de origen animal. Por su parte, Fan et al. (42), demostraron que la ingesta de más de una taza de frutas y más de una taza de verduras al día en la gestación tuvo un efecto en la microbiota del bebé a los dos meses de edad, con mayor abundancia de Lactococcus spp., Parabacteroides spp., Cutibacterium spp., Pripionibacteriales, Tannerellaceae y Propionibacteriaceae.
Si bien estos análisis derivan del consumo durante la gestación, los resultados de nuestro estudio hacen pensar que los efectos pueden mantenerse o potenciarse a partir del consumo de alimentos en las madres lactantes durante el posparto, de esta manera, el patrón alimentario de la madre en ambos periodos debe incluir diversidad de frutas y verduras, al igual que otras fuente de fibra dietaria, como estrategia alimentaria para potenciar la abundancia de bifidobacterias en la leche materna y modular la microbiota del lactante, lo cual podría jugar un rol protagónico en la prevención de infecciones, al favorecer el desarrollo del sistema inmune en el recién nacido (43).
En cuanto al consumo de alimentos fuente de grasa tanto de origen vegetal (aceites vegetales y margarina) así como origen animal (crema de leche, mantequilla, manteca de cerdo) agrupadas en las grasas, encontramos una relación positiva con mayor abundancia de Bacteroides spp. en la leche, hallazgo que coincide con lo reportado por Cortes-Macías et al. (10), sin embargo, Chu et al. (44), encontraron que la dieta materna alta en grasas se asoció con menor abundancia relativa de Bacteroides spp. en la microbiota infantil. El género Bacteroides spp. ha sido considerado relevante en el proceso de maduración y entrenamiento del sistema inmunológico del lactante y su aparición en la microbiota intestinal esta precedida por Escherichia y Bifidobacterium spp. (45). La relación ingesta de alimentos fuente de grasa y Bacteroides spp. en la leche materna merece una atención especial, ya que, si bien este género puede tener un papel positivo para la salud del lactante, su enriquecimiento suele estar dado con la introducción de los alimentos complementarios (46), y por tanto, un incremento en la abundancia durante los primeros meses de vida podría estar asociado a una maduración temprana del microbioma, la cual se ha relacionado con alteraciones en salud como el exceso de peso en la etapa pediátrica (47).
Respecto al tipo de grasas consumidas, identificamos una relación entre la ingesta de grasas saturadas proveniente de crema de leche, queso crema, mantequilla, aceite de palma y manteca de cerdo con los géneros Cutibacterium spp. y Terrisporobacter spp. Estas relaciones no han sido claramente documentadas y contribuyen a nuevos planteamientos y análisis para su comprensión. Específicamente Ou et al. (48). identificaron una mayor abundancia relativa del género Terrisporobacter spp., en niños con comportamiento internalizante, es decir, problemas psicológicos como la ansiedad y depresión; por su parte, Han et al. (49), en un análisis en el cual compararon la microbiota intestinal de niños con baja estatura idiopática y niños con deficiencia de la hormona del crecimiento, encontraron que la abundancia Terrisporobacter spp. fue significativamente mayor en el primer grupo, lo que hace pensar en la importancia del tipo de grasas que son consumidos por la mujer lactante, que además de su efecto en la microbiota, se ha documentado que la composición lipídica de la leche humana está influenciada por la ingesta materna (50).
Frente al grado de procesamiento de los alimentos, aunque los alimentos mínimamente procesados representaron la principal fuente de energía materna, el consumo de ultraprocesados superó el 10% de la ingesta calórica diaria en más de la mitad de las mujeres. Las recomendaciones locales (51) resaltan la importancia de mantener una ingesta inferior a este valor, por los efectos negativos en la salud asociados a una baja calidad de la dieta, lo que cobra aún más relevancia en el contexto de los primeros mil días de vida (52,53) y la reciente evidencia asociada al microbioma humano (14,54). En este estudio identificamos que el consumo de alimentos procesados y ultraprocesados se relacionó con mayor abundancia del filo Proteobacteria, específicamente los géneros Escherichia-Shigella spp. y Desulfovibrio spp. Las Proteobacterias, han sido relacionadas con diversas enfermedades tanto intestinales como extraintestinales que tienen en común la inflamación, por lo que se han considerado un marcador de enfermedad (55). El incremento de Proteobacterias se ha relacionado con alteraciones en salud como la enterocolitis necrotizante, al incrementar la respuesta del sistema inmune y favorecer la translocación bacteriana en el lactante (56). Particularmente, el género Desulfovibrio spp., caracterizado por la producción de sulfuro de hidrógeno se ha relacionado con la secreción de citoquinas inflamatorias y lesión intestinal (57).
Además de lo anterior, evidenciamos una asociación positiva entre Lactobacillus spp. y el consumo de ultraprocesados, esta relación puede estar dada por la disponibilidad de azúcares en estos productos para el metabolismo sacarolítico propio de este grupo bacteriano, sin embargo, aunque este género se ha relacionado con efectos benéficos en la salud del lactante, se ha reportado un incremento de ciertas cepas en el contexto de la obesidad infantil (58). Lo anterior, hace pensar en la relevancia de limitar la ingesta de productos ultraprocesados durante el posparto, por las posibles implicaciones que puede tener en la abundancia de taxones potencialmente inflamatorios en la leche materna que será transferida al lactante.
Estos hallazgos develan la importancia de garantizar la seguridad alimentaria, la disponibilidad, la diversidad y la calidad de los alimentos, y el asesoramiento nutricional no solo durante la gestación, sino en la etapa de lactancia; período en el cual la vigilancia del consumo de alimentos y el estado nutricional de la mujer es nulo o limitado, ya que se da prioridad a la atención del recién nacido, olvidando la necesidad de cuidados de la mujer que amamanta. Es imperante, poner la mirada y atención en la mujer lactante, ante la evidencia científica que muestra que cambios aberrantes en la microbiota intestinal en los primeros tres meses de vida pueden repercutir de forma negativa en la salud a corto, mediano y largo plazo(43).
Entre las fortalezas del estudio se destaca la presentación de un análisis basado en grupos de alimentos de las guías alimentarias para Colombia y su grado de procesamiento (NOVA), a partir de datos recolectados con una metodología de evaluación de ingesta dietética previamente validada, además de la rigurosidad en los criterios de elegibilidad de las mujeres participantes, incluyendo la verificación de la situación de seguridad alimentaria y nutricional, lo que favorece el control de factores modificables de la microbiota de la leche materna. Entre las limitaciones del estudio, se reconoce que la evaluación dietética se realizó mediante recordatorio de 24 horas y no incluyó un cuestionario de frecuencia de consumo de alimentos, por lo que la caracterización del patrón alimentario habitual de largo plazo pudo haber sido limitada. Además, el análisis de los taxones microbianos de la leche materna no se realizó por duplicado y fue llevado a cabo en un solo punto temporal.
Conclusiones
Los resultados de este estudio evidencian que el consumo en madres lactantes de leche y productos lácteos, frutas y verduras, así como alimentos mínimamente procesados en el primer trimestre de lactancia materna exclusiva, podrían vincularse con un perfil bacteriano en la leche materna potencialmente benéfico para la salud del lactante, por el contrario, la ingesta de alimentos procesados y ultraprocesados podría favorecer la abundancia de taxones asociados a efectos deletéreos en salud, lo que hace relevante la alimentación y nutrición de la mujer lactante como una ruta biológica de interés para favorecer el ensamblaje de un microbioma saludable en los primeros 1000 días de vida a través de la modulación de taxones específicos de la leche materna. Estos hallazgos, dan apertura a nuevas preguntas para ser validadas en futuras investigaciones que relacionen los patrones alimentarios específicos e intervenciones nutricionales durante la lactancia con taxones y métricas de ecología microbiana en el eje materno infantil.
Agradecimientos
Los autores agradecen en primer lugar a las mujeres participantes del estudio y a la Fundación para la Promoción de la Investigación y la Tecnología del Banco de la República de Colombia (No. 202508) por los recursos aportados para el desarrollo del trabajo.
Conflictos de intereses
Los autores declaramos que no existe conflicto de interés en el desarrollo de este trabajo y que la entidad financiadora no participo en ningún
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